Coches de gas, una alternativa real

  • Existen tres tipos de gases que se emplean como combustible: hidrógeno, GLP y GNV
  • Pueden generar un ahorro del 40% en combustible
  • 25 millones de coches emplean el GLP, pero en España sólo circulan 50.000

Existen alternativas a los coches de gasolina, diésel y también a los híbridos y eléctricos. Son los vehículos impulsados por gas, ya sea Licuado de Petróleo (GLP) o Natural Vehicular (GNV). Una alternativa a los combustibles tradicionales que no sólo es más respetuosa con el medio ambiente, también con el bolsillo del conductor y con el propio coche. Y es que a pesar de ser un carburante fósil, cumple con el nivel de CO2 que se exigirá en 2020, pueden ahorrar un 40% en combustible y, además, alargan la vida útil del motor. Así son los coches impulsados por gas.

Asentados en otros países europeos, en España siguen siendo una minoría a pesar de que su funcionamiento no difiere mucho del que tiene un motor convencional de gasolina. Al fin y al cabo, el gas también es un combustible fósil… más barato y menos contaminante. Haciendo referencia a su comportamiento en la mecánica, el gas se quema en los cilindros del motor igual que ocurre con la gasolina y el diésel. Esa combustión genera energía térmica que se libera y se transforma en energía cinética, la encargada de mover las ruedas. Algo que puede hacer el gas solo o en combinación con un motor de gasolina o diésel porque se trata de coches con mecánica bi-fuel. Es decir, pueden funcionar indistintamente con cualquiera de los dos combustibles: se instala un botón en el interior del vehículo y se puede pasar de uno a otro.

El motor de un coche de gas

El motor de gas es, simplemente, uno de gasolina convencional y lo único que cambia es el sistema de alimentación. En consecuencia, cualquier mecánica de gasolina de inyección directa puede quemar gas. No obstante, éste carece de la capacidad de engrase y de refrigeración, por lo que es necesario adaptar el coche con un sistema de alimentación en paralelo para mantener ambas instalaciones y cambiar de combustible cuando sea necesario.

Esta modificación supone una inversión de unos 2.000 euros aproximadamente que, además, anula la garantía del fabricante si es que sigue vigente. Por otro lado y pensando en la ITV, se requiere un certificado de estanqueidad del circuito instalado y una revisión inmediata para que el cambio figure en la ficha técnica. Una transformación que es rentable siempre y cuando se vayan a recorrer, como mínimo, 15.000 kilómetros al año ya que se compensa el dinero gastado en la transformación con el ahorro en combustible.

En el caso de los motores diésel, la adaptación no es tan frecuente porque el motor no puede funcionar exclusivamente con gas sino que tendrá que mezclarlo con gasóleo. Es tan poco habitual que, por el momento, no existe la opción para los vehículos y sólo se usa en maquinaria industrial y en camiones. La última opción pasa por comprar un coche que incorpore el sistema de fábrica: no sólo estará mejor integrado, también tendrá garantía y el coste de instalación será algo menor.

Tipos de coches de gas: hidrógeno, GLP y GNV

Existen tres tipos de gases que se emplean como combustible para los vehículos: hidrógeno, Gas Licuado de Petróleo (GLP) y Gas Natural Vehicular (GNV). El GLP es una mezcla de butano y propano, es decir, el de las bombonas. El GNV es gas metano, el mismo que calienta millones de hogares bajo el nombre de “gas natural”.

Hidrógeno

Es el más limpio debido a su combustión: ésta consiste en mezclar oxígeno con el hidrógeno para obtener agua. Podría ser el combustible del futuro, pero lo cierto es que todavía le queda mucho camino por recorrer y defectos por pulir. Por ejemplo, para disociar el oxígeno del hidrógeno en el agua se consume más energía de la que produce la propia combustión. Otro contra es el almacenaje: el gas ocupa mucho espacio y licuado es muy complicado de mantener porque requiere temperaturas muy bajas o mucha presión. Estas circunstancias también influyen en otra de las preocupaciones más graves que provocan estos vehículos: la seguridad. Un depósito a alta presión con gas explosivo montado en un vehículo susceptible de tener un accidente es factor de riesgo bastante alto.

Gas Licuado de Petróleo (GLP)

Conocido popularmente como autogas, se obtiene de dos maneras: en pozos petrolíferos o como un subproducto al refinar petróleo. Su funcionamiento es sencillo: cuando el coche se pone en marcha, durante 40 segundos se alimenta de gasolina porque es el tiempo que el GLP necesita para alcanzar la temperatura óptima y funcionar. A partir de ahí, el autogas será el encargado de mover el coche mientras que el conductor no decida lo contrario.

El GLP es más limpio y respetuoso con el medio ambiente que los combustibles fósiles tradicionales. No en vano, es el combustible alternativo más usado en el mundo: 25 millones de coches lo emplean y, aproximadamente, la mitad están en Europa. No obstante, España no es uno de los pioneros. Sólo circulan 50.000 vehículos impulsados por GLP. Y esto teniendo en cuenta que su objetivo es ofrecer al usuario una conducción más ecológica, pero también más económica y que, además, favorece el mantenimiento del vehículo.

No se trata de una afirmación al azar. Los coches impulsados por Gas Licuado de Petróleo pueden llegar a generar un ahorro del 40% aunque consuman un 5% más que sus homólogos de gasolina. La razón es simple: el precio del kilo está situado en unos 60 céntimos. De esta manera, compensan su mayor consumo convirtiéndose en coches más económicos si se va a hacer un uso extenso de ellos.

Respecto a su almacenamiento, se trata de depósitos accesorios y complementarios por lo que su tamaño suele ser menor que el de uno de gasolina o diésel. Con una capacidad media de 30 litros y una presión de 7,5 bares, caben en el hueco de una rueda de repuesto y proporcionan una autonomía que oscila entre los 200 y los 300 kilómetros, pero combinándolo con otro carburante se puede llegar a 1.200. Eso sí, son tanques blindados que almacenan gas por lo que necesitan un timbrado de seguridad que debe renovarse cada 10 años para evitar posibles fugas (que siempre serán hacia el exterior gracias al diseño de los depósitos).

La seguridad no es el único problema a tener en cuenta. Los coches impulsados por GLP suelen tener un 2% menos de potencia aunque, lo cierto, es que es una apreciación mínima. Además, se trata de un gas que pesa más que el gas natural por lo que se ventila peor y suele acumularse cerca del suelo, un punto a tener en cuenta en aparcamientos cerrados. Y tampoco hay que olvidar que los vehículos tienen un sobrecoste que está entre los 1.000 y los 2.000 euros de media dejando su precio final al nivel del que tienen los diésel.

Gas Natural Vehicular (GNV)

El Gas Natural Vehicular es una alternativa cada vez más asentada. En la edición de 2016 de la Semana de la Movilidad Europea se puso sobre la mesa una cifra: en España, más de 5.000 vehículos circulan impulsados por este combustible… con más autonomía que los de gasolina o los de diésel. Tanto que invirtiendo 20 euros, un coche de GNV puede circular durante 555 kilómetros. O lo que es lo mismo: casi el doble que uno de gasolina (275) y casi 200 kilómetros más que un diésel (

Con su presencia, no sólo aumenta la oferta de opciones para el conductor, también los beneficios para su bolsillo y el medio ambiente. En la Semana de la Movilidad Europea, señalaron también que la razón de estas diferencias reside en que se trata de un combustible con exenciones fiscales; el kilo de GNV tiene muchos menos impuestos. Y las ventajas económicas siguen ya que gozan de descuentos tanto en peajes como en zonas donde el estacionamiento está regulado.

Atendiendo a las emisiones, el Gas Natural Vehicular reduce en un 25% las de dióxido de carbono (CO2), en un 85% las de óxidos de nitrógeno (NOx) y casi el 100% de las partículas en suspensión respecto a los vehículos que  montan motores de gasolina o de diésel. Además, en cuanto a la contaminación acústica producen un 50% menos que un vehículo convencional.

Licuado (GNL) y gaseoso (GNC)

Dentro del Gas Natural Vehicular se pueden encontrar dos tipos: licuado (GNL) y gaseoso (GNC). El primero es menos frecuente y su uso está pensado para camiones y autobuses mientras que el segundo es el más habitual puesto que es el empleado para mover coches y furgonetas.

Profundizando en los coches de GNC y en su funcionamiento, se ha observado que las diferencias existentes con los convencionales no son muy desproporcionadas. En cuanto a consumo, un vehículo de tamaño medio consumiría, aproximadamente, 3,5 kilos de GNC cada 100 kilómetros teniendo en cuenta que el kilo tiene un precio de 1,04 euros.

Por su parte, el precio medio del litro de gasolina y de diésel está en 1,25 y 1,33 euros, respectivamente, y el consumo medio de un coche con estos combustibles suele ser de 7 litros cada 100 kilómetros. No es el único punto en el que se produce cierto ahorro ya que tienen descuentos de hasta el 75% en el impuesto de Circulación. El de Matriculación funciona igual que un vehículo convencional: si emiten menos de 120 gramos por kilómetro, estarán exentos de abonarlo. Además, tampoco tendrán que pagar más por el seguro de coche.

Respecto al almacenamiento de este combustible, se hace en tanques debidamente preparados: el GNC está a una presión de 200 bares, pero el límite de estos depósitos es de 300. El problema es su tamaño, que merma la habitabilidad del coche y, sobre todo, la del maletero; por ello, la solución planteada es montar la instalación con un par de tanques. Y sobre la seguridad de éstos no hay lugar para las dudas puesto que el nivel es, incluso, más alto que en un motor de gasolina. Esto se debe a que los depósitos tienen gran resistencia y es complicado que se dañen en un hipotético accidente. Es más, su temperatura de encendido es de 600 grados y la de la gasolina, 315. El único problema es que, en caso de daño, el gas puede salir bruscamente aunque a su favor está su poca densidad que le ayuda a disiparse rápidamente.

Finalmente, abordando el tema del mantenimiento y sabiendo que tienen una vida útil más larga, hay que tener en cuenta alguna que otra particularidad. Las revisiones periódicas son las mismas que los fabricantes marcan para un coche de gasolina o de diésel, pero es cierto que cada 4 años debe efectuarse una revisión del tanque y de la conducción del gas. Así lo designa la regulación europea ECE R 110, la misma que señala que estos depósitos tienen una caducidad de 15 años para aquellos que sean anteriores a la norma y de 20 para los posteriores.

Hay vida más allá de los híbridos y los eléctricos

Tras lo visto, el futuro del sector de la automoción tiene más caminos que aquellos que dirigen a los coches híbridos y eléctricos. El problema al que se enfrentan los vehículos impulsados por gas es el desconocimiento que impera sobre ellos. Son más limpios y cuestan la mitad que los otros carburantes, pero la mayoría de los usuarios no los contempla como una opción a la hora de comprarse un coche y mientras tanto, las marcas siguen esperando a que haya demanda para aumentar la oferta de modelos disponibles para una alternativa ecológica y económica.

Abril 2017


COMPARAR COCHES DE SEGUNDA MANO

Elena SanzRastreator.com