Cómo comprar un coche embargado

  • Existen subastas públicas (organizadas por los organismos del Estado) y privadas (a cargo de los bancos)
  • La rebaja en el precio puede llegar a ser del 50%
  • Conviene ir con un experto en coches: sólo se permite el reconocimiento externo y no hay garantía

Un ahorro del 35% respecto al valor del mercado y un catálogo que incluye todo tipo de vehículos. Esta es la carta de presentación de las subastas de coches que existen en España y que están organizadas por organismos públicos (como Hacienda o la Seguridad Social) y también por entidades privadas como son los bancos. Los vehículos proceden de embargos a particulares y empresas, su precio es razonable y su estado admisible… en algunas ocasiones. Y es que el ahorro en el coste del coche puede no ser tal si necesita una buena puesta a punto o lleva cargas implícitas. Así funciona el mundo de las subastas de vehículos.

¿Dónde se puede pujar?

Si después de sopesar todas las opciones del mercado de coches de segunda mano se opta por las pujas, conviene saber a qué lugares dirigirse para hacerse con un vehículo embargado. La procedencia puede ser privada o pública. En el primer caso se trata de bancos y entidades financieras que lo han solicitado al juez por el impago de uno de sus clientes. En el segundo entran ayuntamientos y juzgados así como la Administración Tributaria, la Seguridad Social o el Gobierno, a través del Plan Nacional sobre Drogas.

A pesar de que la información es escasa porque no les da buena publicidad, las entidades bancarias realizan subastas de coches que han sido embargados a aquellos clientes que tienen impagos. No es la vía más sencilla para comprar un vehículo de este tipo porque, usualmente, son ofrecidos directamente por la entidad a profesionales de la compraventa y si no, son los propios trabajadores del banco los que los adquieren.

Hay varias entidades públicas que, a través de subastas, dan salida a los coches embargados que tienen bajo custodia. En el caso de los ayuntamientos suelen ser vehículos que proceden de impagos de multas o impuestos municipales aunque no todas las casas consistoriales llevan a cabo esta práctica. En el mismo escenario se encuentra la Seguridad Social: los coches corresponden a personas que tienen deudas con este servicio.

Los juzgados, por su parte, tienen vehículos que han sido incautados en procesos tanto administrativos como penales. En el caso de Hacienda puede tratarse de coches embargados a personas que tienen deudas con la administración pública o aquellos que han sido importados de forma irregular.

Finalmente, también se pueden adquirir vehículos embargados a través del Plan Nacional de Drogas. A su favor está que suelen pertenecer a segmentos de gama alta. En contra está su procedencia: son los que han sido confiscados en las investigaciones de narcotráfico y lo normal es que necesiten ser reparados, después de los registros de la Guardia Civil, o precisen una buena puesta a punto porque han permanecido parados durante largos periodos de tiempo en almacenes, por ejemplo.

¿Cómo funcionan las subastas?

En el caso de los bancos, las subastas que organizan no suelen ser públicas porque están dirigidas a los profesionales del sector y la puja está centrada en coches embargados o en reserva de dominio. En el caso de ser abiertas, la información está a disposición de los usuarios en las diferentes sucursales de las entidades.

Si el futuro comprador prefiere dirigirse a alguno de los organismos públicos, comprobará que el funcionamiento es semejante en todos ellos: suelen pedir un porcentaje del valor de tasación del vehículo, entre otros requisitos. En el caso de los ayuntamientos, las subastas suelen ser presenciales y presentar el DNI es un requisito obligatorio; además, para aceptar la puja hay que abonar el 20% del valor del vehículo. La misma cantidad se pide en las pujas realizadas por Hacienda que, asimismo, tiene la opción de asistir de forma presencial u online si se cuenta con firma electrónica.

El procedimiento es algo distinto en la Seguridad Social. Una vez al año se organiza una subasta pública y, además, muestra en su web el catálogo de coches. Aquellas personas que quieran pujar por alguno de ellos tendrán que presentar en la Dirección Provincial tres documentos: una fotocopia del DNI, la oferta y un cheque a nombre de la Tesorería General de Seguridad Social con el 25% de la tasación. De forma parecida funciona el Plan Nacional sobre Drogas. Sus subastas son públicas y no tienen una periodicidad fijada, pero también exigen documentación como requisito: una serie de impresos disponibles en su web, la cantidad propuesta y un depósito por el 5% del valor del vehículo.

Si se elige la vía de los juzgados, las pujas pueden ser presenciales u online, pero, en este caso, es necesario un registro previo en la web de la Administración de Justicia más un depósito de consignación del 5% del valor del coche. Tanto las subastas judiciales como en las del resto de organismos públicos, los detalles se publican en sus páginas web, en el BOE o en sus propias sedes.

Ventajas e inconvenientes

Antes de adentrarse en el mundo de las subastas de vehículos, es conveniente tener en cuenta los pros y los contras de esta fórmula. A su favor está la gran variedad de modelos que forman parte de la oferta y, sobre todo, su precio, ya que se puede llegar a pagar un 50% menos. Sabiendo esto, hay que tener presente que, en muchos casos, son coches con muchos kilómetros en su haber y pueden presentar daños por un mal mantenimiento y un peor uso.

Por otro lado, a la hora de asistir a la subasta no está de más hacerlo con un experto en coches. Y es que sólo se permite un reconocimiento externo: ni probar los vehículos ni arrancarlos. Por ello, hay que tener en cuenta que los que proceden de la Administración sí se ponen a punto, pero los demás no… y, además, no tienen garantía.

A todo esto hay que añadir que lo normal es que el pago sea en efectivo y, sobre todo, la posibilidad de que haya cargas, tales como impuestos sin pagar, multas o la reserva de dominio, que correrán a cuenta del nuevo dueño. Y, finalmente, no hay que olvidar los trámites y el papeleo necesario como encontrar el mejor seguro, poner el vehículo a su nombre, un trámite que en Tráfico cuesta más de 50 euros, o abonar a Hacienda el impuesto de Transmisiones Patrimoniales.

Febrero de 2017


COMPARAR COCHES DE SEGUNDA MANO

Elena SanzRastreator.com