Cómo cuidar la batería de un coche eléctrico

  • La batería es el elemento más caro de un coche eléctrico
  • Las de litio no tienen no tienen efecto memoria y es recomendable recargar siempre que se pueda
  • Las principales causas de la reducción de su vida útil son los defectos y excesos de carga

Son vehículos con un concepto diferente que, además, necesitan una serie de atenciones especiales en distintos frentes. A la hora de comprar un coche, poco a poco, están convenciendo a más conductores aunque les quedan muchos kilómetros por recorrer. Y es que la batería sigue siendo un lastre, más en el caso de los eléctricos que en el de los híbridos. La autonomía y sus altos costes hacen difícil que se compense con el bajo precio de la electricidad o las pocas visitas al taller en cuestión de mantenimiento.

Sea como sea, las baterías son uno de los elementos más caros de este tipo de vehículos y por lo tanto, lo que más se debe cuidar. Su vida útil ha sido un tema recurrente desde que irrumpieron en el mercado de la automoción. A su favor tienen que están en pleno desarrollo por lo que factores como la autonomía o el precio experimentarán cambios constantemente. Mientras llegan esos avances, no está de más tener en cuenta algunos consejos para cuidarlas.

Baterías de litio

A la espera de lo que depare el futuro, las baterías que emplean fabricantes de coches híbridos y eléctricos son de litio. En su momento, marcaron la diferencia porque no generan tantos problemas como las de níquel metal hidruro cuando son recargadas parcialmente. Eso sí, sufren igual con las sobrecargas y, además, también presentan defectos de carga y pérdidas de voltaje.

Con el objetivo de que la batería aguante correctamente durante todo su ciclo de vida, lo más adecuado es mantenerla entre unos márgenes concretos. Marcas y fabricantes recomiendan dos tramos: el primero de ellos oscila entre el 20 y el 80% con un uso del 60% y el segundo está entre el 15 y el 95% con un margen del 80%.

Las aproximaciones al límite de la descarga son mayores que en el caso de la carga total porque las células de las baterías de litio toleran peor un defecto de voltaje que un exceso. Es decir, si la batería se queda sin carga durante un tiempo prolongado, la pérdida de capacidad es mucho mayor que si se deja completamente cargada. Eso sí, se debe evitar ambas situaciones porque son perjudiciales para la vida de la batería.

Causas

La principal causa por la que las baterías dejan de funcionar es que se quedan con poca carga o sin ella durante un tiempo prolongado. Cuando este ocurre y se quiere recargar, no se consigue totalmente. Un escenario cuyas consecuencias son la pérdida de gran parte de la autonomía y la hinchazón de la batería, que la deja inservible.

Esta no es la única razón que existe. Si la batería se queda conectada a la toma durante mucho tiempo llegará un momento en el que el cargador percibirá que la batería ha perdido una pequeña cantidad de carga. Será entonces cuando deje pasar la corriente de nuevo hasta que detecta que está al 100%. Esto provoca que tanto el cargador como la batería alcancen un temperatura que no les conviene y que, además, perjudica su buen funcionamiento.

Una de las soluciones llegó de la mano de los cargadores inteligentes. Éstos desconectan la alimentación cuando notan por primera vez que la batería está totalmente cargada y no la vuelven a dejar pasar a no ser que se desenchufen y se vuelvan a enchufar. Otras fórmulas pasan por el esmerado cuidado de las baterías.

Cuidados de la batería

La vida útil de la batería (y en consecuencia la autonomía de un coche eléctrico y el rendimiento de un híbrido) está marcada por la cantidad de ciclos de descarga y cómo suceden. Es una preocupación común y aunque con cada descarga la capacidad disminuye, existen algunos consejos que pueden ayudar a añadir kilómetros y a sacarle el máximo provecho.

La recarga

Es evidente, pero no por ello hay que descuidarlo. Una de las primeras premisas que hay que tener en cuenta es que la batería esté cargada y para ello lo mejor es crear una rutina, que, de paso, evite cargas y descargas muy rápidas. El mejor momento para llevar a cabo este proceso es durante la noche cuando está activa la tarifa supervalle ya que se obtienen los mejores precios: el coste medio de 100 kilómetros suele estar entre 1 y 1’5 euros.

El problema es que se trata de una franja horaria dedicada al descanso, así que lo lógico es programar la recarga, algo que ya permiten algunos modelos y que, si no es el caso, se puede solventar con un programador. A esto hay que añadir las recomendaciones de los fabricantes que señalan que el nivel de carga deseado debe alcanzarse 1 hora antes de arrancar. Esto se debe a una doble razón: se reduce la temperatura y también el tiempo en el que la celda está expuesta a un nivel elevado de voltaje.

Evitar las cargas y descargas completas

Teniendo en cuenta que llevar el pack de baterías al máximo de su capacidad reduce su vida útil, hay que intentar evitar que la carga alcance el 100% aunque reste autonomía al coche. Incluso se recomienda mantener la carga en torno al 50% siempre y cuando se generen los kilómetros de independencia necesarios para realizar el recorrido planeado. Además, algunos modelos tienen una opción para que la carga no pase del 80% protegiendo, así, las celdas.

Igual que el caso anterior, hay que prevenir que los niveles de descarga de la batería sean demasiado bajos para contribuir a alargar su vida. Teniendo en cuenta que la mayoría de estos elementos son de litio, hay que aprovechar una de sus características: no tienen efecto memoria y por lo tanto es recomendable recargar siempre que sea posible, incluso cuando haya media carga.

Evita las recargas rápidas

Bien es cierto que este tipo de cargas permiten que la batería recupere el 80% de su capacidad en un periodo de tiempo muy corto que, en algunas ocasiones, es de tan sólo media hora. El problema es que es tan tentador como poco recomendable ya que las marcas aconsejan usar esta vía sólo en casos de necesidad. La razón es que su uso continuado acorta un 1% anual la vida útil de la batería, es decir, tras 10 años, la capacidad puede haber descendido hasta el 70%.

Previsión

Teniendo en cuenta que, por el momento, los puntos de recarga no son muy abundantes, ser previsor es clave. Con una buena planificación de los recorridos, sobre todo de aquellos que son más largos, se pueden programar las recargas tanto durante el camino como en el destino. Así es como se evita el riesgo que supone apurar la batería y su influencia en el nivel de carga y de autonomía del vehículo.

La conducción

A la hora de ponerse al volante, hay algunas pautas que pueden ayudar a optimizar la carga de la batería. La conducción eficiente las cumple ya que con ella se reduce la velocidad, se acelera con suavidad, se usa lo menos posible el climatizador y se aprovechan los sistemas que incorpora el propio coche como la frenada cinética, que ayuda a no perder energía.

Modo ECO

Este modo es recomendable cuando el recorrido transcurre por ciudad y carretera, siempre que no haya muchas pendientes ya que para subirlas el coche necesita más potencia de lo usual. Para los otros casos es una modalidad que no sólo ayuda a ahorrar energía, también a acumularla.

Modo montaña

Cuando se trata de un coche híbrido, el conductor puede hacer uso de este modo. La clave es que permite hacer uso del motor de combustión en previsión de una fuerte y prolongada pendiente. De esa forma, el coche podrá afrontar este desnivel con la mayor cantidad posible de energía en la batería evitando alcanzar un nivel de descarga muy elevado y llegando a la cumbre con una reserva suficiente. Además este modo ayuda a proteger la batería y a reducir el consumo de combustible.

Aparcar

En los momentos en los que el clima es más extremo, hay que tener algunas cosas en cuenta a la hora de aparcar un coche eléctrico. Si prevemos que el termómetro va alcanzar temperaturas muy altas o muy bajas, lo más aconsejable es dejar el coche conectado para que el sistema de refrigeración de la batería trabaje constantemente y proteja la batería de las inclemencias meteorológicas.

Cuando esto no es posible y los días son muy cálidos, lo más recomendable es estacionar a la sombra o dentro de un garaje para evitar las altas temperaturas dentro del habitáculo y en la batería. En el primer caso entrará en acción el climatizador y en el segundo, el sistema de refrigeración de la batería. Ambos tendrán que hacer un trabajo extra que supondrá un consumo extra que mermará la autonomía. Una situación semejante se da cuando las temperaturas son muy bajas. Aparcar en un garaje es clave para no tener que hacer un uso excesivo del sistema de climatización y del sistema de la batería que calienta el pack.

Estacionamientos largos

Si hay momentos en los que el coche va a estar parado durante un largo periodo de tiempo, es aconsejable dejarlo conectado para que el propio vehículo mantenga la batería en el punto óptimo de carga. Si no incorpora esta opción, hay que intentar:

  • Aparcar en un lugar fresco con temperaturas estables.
  • Usar la opción de descarga lenta, si está disponible, para dejar la batería al 60%.
  • Antes de ponerse el marcha, conectar el coche para alcanzar este nivel si la batería ha bajado hasta el 20% de su capacidad.
  • Si han pasado más de 3 meses, cargar el coche entre 2 y 3 veces al 80% para volver a equilibrar las celdas.

Los elementos del coche

Hay partes del vehículo que influyen directamente en la batería. Una de ellas son los neumáticos. No en vano, son esenciales en el buen funcionamiento de cualquier coche aunque cuando se trata de un eléctrico ejercen menos resistencia a la rodadura. Por ello, si las ruedas no tienen mucha calidad o son de una dimensión incorrecta pueden alterar la eficiencia y la autonomía. Algo semejante ocurre con las llantas. En los vehículos eléctricos se diseñan teniendo muy en cuenta la aerodinámica y la fuerza de arrastre para que el consumo no suba de forma significativa.

Por otro lado y de la misma forma que ocurre con un coche de combustión, se recomienda usar el aire acondicionado o el climatizador en lugar de bajar las ventanillas. Y, además, conviene saber si el coche desempaña los cristales con aire directo o calentando el del interior del coche ya que esta opción es menos eficiente.

Pensando en el futuro

Comprar un coche es una inversión considerable, algo que se manifiesta especialmente cuando se trata de un eléctrico. Por ello, alargar y mejorar la vida de su elemento más caro no sólo contribuirá a rentabilizar ese gasto, también tendrá un impacto en el futuro de ese coche. Y es que su coste en un hipotético mercado de segunda mano estará marcado por la autonomía que pueda garantizar a futuros compradores.

Octubre 2017


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Elena SanzRastreator.com