Cuánto tarda (de verdad) un coche eléctrico en cargarse

  • Hay cuatro tipos de recarga: Superlenta, Green Up, Semirápida – Wallbox y Rápida
  • El futuro del proceso de recarga camina hacia la inducción
  • Los coches eléctricos tienen dos tipos de cables para cargar sus baterías: Mennekes y Flexi Charger.

A la hora de comprar un coche, el 24,1% de los conductores españoles admite que ya se ha interesado por los eléctricos. Una cifra extraída de la tercera edición del estudio bautizado como “Españoles ante la Nueva Movilidad” y realizado por el Centro de Demoscopia de Madrid. A pesar de ello, más de una tercera parte sigue teniendo sus dudas respecto a este tipo de vehículos por dos razones: por un lado, creen que la autonomía aún es insuficiente y por otro, piensan que faltan puntos de recarga. Uno y otro tienen que ver con la batería y con el tiempo que se necesita para cargarla, pero ¿son reales estas limitaciones? ¿Cuánto se tarda realmente?

Tipos de recarga

Antes de ver los diferentes tipos de carga que existen, conviene refrescar algunos conceptos. La potencia (watios, W) se obtiene al multiplicar la tensión (voltios, V) y la intensidad (amperios, A) y es la capacidad para hacer un trabajo en un tiempo determinado. En este caso, cargar la batería de un coche eléctrico. Dicho esto, la forma de carga más extendida es el cable-enchufe y dentro de éste encontramos la carga superlenta, la lenta, la semirápida y la rápida.

Las diferencias entre unas y otras radican en la comunicación entre la red eléctrica (el punto de recarga) y el coche; cuanto mejor sea, más elevada será la numeración del modo. Éste se basa en el nivel de comunicación entre la infraestructura y el coche. Existen cuatro tipos numerados del 1 al 4 en los que la nota más alta corresponde, generalmente, a infraestructuras cuyo nivel de comunicación es más elevado. Es este protocolo el encargado de impactar en el nivel de control del proceso de carga entre el punto y el vehículo.

Superlenta

Se trata de la que se hace a través de un enchufe “schucko” (el que se puede encontrar en cualquier vivienda) y un cable Flexi Charger. Normalmente suelen ser de 10 amperios, 230 voltios y, por lo tanto, tiene una potencia de 2,3 kW. La carga superlenta tiene estas características porque no tiene una base de recarga con protección y una instalación eléctrica adecuada. Por ello, solo es apropiada para cargas ocasionales o de emergencia cuando el punto habitual no está cerca ya que la autonomía que se recupera por cada hora que el coche está conectado es muy poca.

Batería (80%)
Tiempo (Horas)
22 kWh
13
24.2 kWh
12

Green Up

El siguiente modo de carga es la conocida como Green Up, que tiene una potencia de 3,1 kW. Se trata de la recarga lenta habitual que se lleva a cabo en un punto fijo que conecta el coche y la red a través del cable Flexi Charger. Además da la oportunidad de controlar la fiabilidad de la conexión y fijar los parámetros de carga.

Batería (80%)
Tiempo (Horas)
22 kWh
13
43 kWh
14

Semirápida – Wallbox

Superada la barrera de los 16 amperios, el sistema de recarga se hace a través de los sistemas de conexión Wallbox con el cable Mennekes. Este modo permite entregar una potencia de 7,4 kW, 11 kW en conexión trifásica (16 amperios por fase) o de 22 kW en una conexión trifásica (32 amperios por fase). Suele ser la recarga que proporcionan las marcas aunque también se encuentra en lugares de trabajo y aparcamientos públicos. A favor de esta opción está que permite hacer la recarga con tarifas eléctricas de discriminación horaria para poder ahorrar en la factura de la luz. Este tramo cuenta con 14 horas diarias (de las 23 a las 13 horas) en las que el precio es más bajo, tiempo suficiente para cargar el coche.

Wallbox

Se trata del sistema ya preparado para ser instalado en la pared del lugar elegido como puto de recarga para el vehículo. Está equipado con el cable Mennekes y posee una serie de rasgos clave para cuidar la batería del coche y el sistema eléctrico al que se conecta.

Estas características que le hacen diferenciarse son, por ejemplo, la protección contra posibles descargas eléctricas y la armonización de potencia durante todo el proceso para evitar picos de tensión. A esto hay que añadir que permiten medir la energía consumida para saber el consumo eléctrico e, incluso, hay modelos que se pueden programar para que adapten la carga a los horarios en los que el consumo es más económico.

Batería (80%)
Tiempo (Horas)
22 kWh
3
24.2 kWh
6
33 kWh
6
60 kWh
9

Rápida

Este tipo de cargas se llevan a cabo en instalaciones que pueden soportar una potencia de 43 kW en tomas trifásicas de 62 amperios a través del cable Mennekes. Son las más recomendables si se quiere realizar una recarga a mitad de un viaje largo o cuando se lleva a cabo un uso muy intenso del coche. Lo normal es encontrarlas en lugares públicos como centros comerciales, estaciones de servicio y en la calle.

Batería (80%)
Tiempo (Minutos)
24 kWh
30
33 kWh
20
43 kWh
60
60 kWh
60

La batería

Hay dos factores básicos que influyen directamente en estos cuatro tipos de carga: la batería que tenga el coche en cuestión y si puede soportar el modo elegido. Respecto al primero de ellos, el paso del tiempo y de las mejoras ha hecho que sean las baterías de ion-litio las que se hayan impuesto sobre el resto.

La llegada del litio originó la posibilidad de lograr una mayor eficiencia, un menor mantenimiento, la erradicación del efecto memoria (un problema que se generaba al cargar a medias la batería en tecnologías anteriores) o un mejor reciclaje, entre otras características.

Su asentamiento se debe a las ventajas que incorporan: ofrecen mayor densidad y, en consecuencia, se puede almacenar más energía en cada kilogramo de peso. A esto hay que añadir que sus costes de producción se van reduciendo cada vez más y que presentan tamaños reducidos por lo que son idóneas para emplearlas en coches eléctricos. Claro que, como todo, tiene sus inconvenientes. Y es que su fragilidad requiere que se almacenen con gran cuidado para evitar que exploten si no se manejan como es debido y su vida útil no es muy larga.

Sea como sea, lo cierto es que es una tecnología que sigue mejorando poco a poco porque los usuarios demandan coches con más autonomía. Por ello, está en constante desarrollo y tienen un amplio margen para mejorar. En 2017, la tendencia pasa por baterías que tienen una capacidad que oscila entre los 30 y 35 kWh aunque teniendo en cuenta el amplio margen que queda por delante, todo apunta a que las de 60 kWh serán el estándar en años siguientes sin perder de vista capacidades como las que ya maneja Tesla y que alcanzan cifras de 75, 90 o 100 kWh.

La recarga

¿Dónde la hago?

A la hora de cargar el coche eléctrico, lo normal es hacerlo en un punto de recarga vinculado para los que existen facilidades de instalación. Se trata del lugar habitual donde se pone la batería a punto y lo normal es que esté ubicado en el hogar: ya sea en una vivienda unifamiliar o en el garaje comunitario de un edificio, para lo cual sólo hay que informar (por escrito y de manera oficial) al presidente de la comunidad o al administrador de la finca de que se va a hacer la instalación. Además, cada vez es más frecuente la instalación de puntos de recarga en los lugares de trabajo.

Las dudas aparecen cuando hay que recargar la batería en un sitio que no es el habitual. Lo cierto es que las opciones están en constante crecimiento tanto en los centros comerciales como en las estaciones de servicio, en los concesionarios, en los aparcamientos y también en la propia calle con mayor incidencia en los centros de las ciudades y los puntos estratégicos de las carreteras. Además tiene un punto a su favor: tienen más potencia que las cargas domésticas porque suelen ser aceleradas o rápidas.

El enchufe

Son muchos los factores y elementos que tienen influencia en el proceso de recarga. Uno de ellos es el conector que, simplemente, es el enchufe que se usa para cargar el coche. No hay uno que sea estándar sino varios que son los más frecuentes: el doméstico sin comunicaciones, el que tiene con 3 entradas (tierra, fase y neutro) y 2 pins para comunicaciones y, por último, el de 5 entradas (tierra, tres fases y neutro) y 2 pins para comunicaciones.

Por ello, hay que tener en cuenta los tipos de conectores que el conductor tiene a su alcance. Normalmente, los hogares funcionan con una tensión de red de 230 voltios y el circuito eléctrico de las tomas de corriente debería aguatar 16 amperios, tal y como dicta la normativa. Eso sí, no está de más comprobar la potencia contratada ya que si es justa no se podrá encender nada al mismo tiempo y si no es suficiente pueden saltar los plomos.

Con estas características, el potencial de carga es de 3,6 kw… teóricamente. Esta puntualización es necesaria porque la realidad es algo distinta: la potencia efectiva no es perfecta porque hay pérdidas y debido a esto, el factor de rendimiento para hacer los cálculos sería de 0,85 en lugar de 1. Teniendo en cuenta esto, el potencial de carga sería de 3 kw. A esto hay que añadir que las cargas no suele ser del 100% sino del 80%. La razón es sencilla: si un vehículo necesita una recarga total es porque ha llegado completamente descargado y, evidentemente, transportado por una grúa. Por ello, lo lógico es hacer una carga de batería del coche del 80%.

El cable

Los coches eléctricos tienen dos formas de conectarse para cargar sus baterías y, obviamente, son dos tipos de cables: Mennekes y Flexi Charger. Éste es el que está adaptado a las tomas domésticas, las conocidas como lentas o superlentas.

Mennekes

Es el cable de recarga homologado y estándar en Europa, razón por la que es el más extendido. Además, existe una segunda versión en la que una de las conexiones IEC 62196 es sustituida por la SAE J1772 para usarse en algunos coches eléctricos. El cable Mennekes es muy versátil ya que con él se pueden llevar a cargo diferentes cargas que van desde una lenta a 230v de 6 a 32 amperios y una potencia entre 1,4 y 7,4 kW hasta una rápida con corriente alterna y trifásica de hasta 43 kW y 63 amperios.

El futuro

Teniendo en cuenta que los avances en este campo llegan con frecuencia, todo apunta a que el futuro del proceso de recarga camina hacia la inducción. O lo que es lo mismo: el sistema que emplean los cepillos de dientes eléctricos adaptado al mundo de la automoción. Así las cosas, el coche se colocaría en un punto concreto (una plaza de aparcamiento destinada a tal fin) y se cargaría de forma automática por inducción electromagnética. La base estaría colocada bajo el suelo y no se precisaría contacto físico, sólo una proximidad.

El problema de este sistema es su instalación. No sólo es compleja, también es bastante cara. Y a esto hay que añadir que el rendimiento necesita pulirse ya que tiene pérdidas: un 10% en estático y, más o menos, un 20% en dinámico. Al hilo de esto, hay otra vía de trabajo que se está estudiando y pasa por la recarga en marcha. Consistiría en crear puntos concretos, que serían algunas calles determinadas, en las que los coches recibirían la energía según circulen.


COMPARAR COCHES DE SEGUNDA MANO

Mayo 2017

Elena SanzRastreator.com