Cuando los bancos te consideran joven

  • Cuentas, tarjetas e hipotecas son los principales productos financieros enfocados a jóvenes
  • Una vez que el cliente cumpla la edad límite deberá asumir el pago de comisiones, el mantenimiento de tarjetas y las transferencias 

 

Abrir una cuenta joven en un banco es una gestión que requiere poco esfuerzo para un cliente; basta con comparar todas las opciones disponibles, y poco más que acudir con el DNI y aportar una pequeña cantidad económica en el momento de la apertura. Suelen ser cuentas enfocadas a los clientes más jóvenes, que aún no tienen ingresos estables y que desean iniciarse en el mundo del ahorro.

Sin embargo, no es el único producto financiero orientado al cliente que no supera los 30 años. Tarjetas de crédito e Hipotecas cierran este círculo en el que solo tienen cabida los más jóvenes, y que suponen un punto de inflexión cuando el cliente cumple una determinada edad.

 

Cuenta joven, ¿hasta cuándo?

El requisito fundamental para poder abrir una cuenta joven es tener una edad que esté dentro de las delimitaciones que cada entidad haya establecido para este tipo de productos. Dependiendo de cada compañía, el rango puede variar entre los 16 años y los 30 años, puesto que no existe un arco de edad estándar, sino que cada banco tiene el suyo propio.

Una vez cumplidos los requisitos y abierta la cuenta, el cliente tendrá a su disposición una serie de privilegios tales como no pagar las comisiones derivadas de la apertura y el mantenimiento, tarjetas de crédito o débito gratuitas y transferencias sin coste, entre otros. Si bien es cierto que dependiendo de las entidades el titular de la cuenta tendrá unas ventajas u otras, la mayoría de estas suelen ser comunes.

Algunos bancos también añaden un catálogo de beneficios asociados a este tipo de cuentas tales como facilidades en la contratación de otros productos, acceso a programas de puntos y posibilidad de obtención de pequeñas rentabilidades por el dinero ahorrado.

Sea como fuere, la apertura de una cuenta joven en cualquier banco estará asociada a diferentes ventajas a cambio del simple compromiso de mantener la cuenta activa y poco más. No hay exigencia de domiciliación de recibos, transferencias mensuales o ingresos periódicos. Básicamente se trata de un producto para aquellos que busquen una primera toma de contacto con el mundo financiero.

Tarjetas sin comisiones y con descuentos incluidos

Otra de las ventajas asociadas a abrir una cuenta joven es que la tarjeta de débito automáticamente pasa a formar parte del paquete. Una herramienta más, que se adaptará al cliente no solo estéticamente, permitiendo la personalización del diseño, sino también ofreciéndole ofertas y descuentos.

Dependiendo de la entidad bancaria elegida las ventajas asociadas a la tarjeta pueden variar, aunque las más habituales suelen ser siempre las mismas. Entre ellas están la gratuidad de la cuota de emisión, así como los costes de mantenimiento y renovación que, la mayoría de los bancos ofrecen. Otro de los beneficios más habituales es el seguro contra el uso fraudulento de la misma.

También es reseñable la facilidad para disponer de efectivo en cajeros sin pagar comisiones, así como el uso de los mismos para realizar otras gestiones tales como consulta de saldo y últimos movimientos,  o realizar recargas de móviles.

Otra alternativa disponible es la de poder llevar el carné joven integrado con sus consecuentes ventajas y descuentos. De esta forma, el titular lo tendrá lo mucho más fácil a la hora de presentarlo en estaciones de tren, establecimientos y tiendas situadas en cualquier lugar de Europa.

¿Y qué pasa con la hipoteca?

La edad es uno de los factores clave a la hora de solicitar una Hipoteca, y hacerlo sin haber cumplido los 35 ofrece diferentes beneficios que, algunos años más tarde, el cliente no podría disfrutar. La gran mayoría de los bancos disponen de productos enfocados a aquellos clientes jóvenes que quieren acceder a su primera vivienda en propiedad. Intereses más bajos y ventajas varias que hacen más atractiva la firma de una hipoteca.

40 años es el plazo de amortización que llegan a ofrecer algunas entidades, lo que se traduce en una cuota más reducida distribuida en un periodo de tiempo más largo, gracias al cual cliente podrá, además, obtener un interés más bajo.

En cuanto a la financiación, en determinados bancos puede llegar a alcanzar el 100% del coste de la vivienda, siempre que el titular aporte las garantías adicionales que le sean requeridas. Además, por lo general, a este tipo de hipotecas para jóvenes van asociados la contratación de otros productos complementarios como un seguro de vida y/o un seguro de hogar.

He cumplido los 30, ¿y ahora qué?

Llegados este punto en el que parecen agotarse los beneficios de la juventud, financieramente hablando, se abren nuevas alternativas, formadas principalmente por cuentas nómina y demás productos enfocados a quienes estén interesados en continuar ahorrando en mayor o menor medida.

Las cuentas nómina ofrecen ventajas muy similares a las de una cuenta joven. Ambas tienen ventajas específicas como la ausencia de comisiones y la carencia de costes de mantenimiento. Los peor parados son los mayores de 30 que no tienen la garantía de una nómina, porque tienen que acceder a cuentas con menos ventajas que estas y que sí tienen comisiones por determinados servicios.

El requisito fundamental para abrir cuenta nómina es la exigencia al titular de una aportación mensual de un mínimo nominal para poder abrirla, así como la domiciliación de varios recibos y algunos movimientos mensuales, tales como transferencias y pagos con tarjeta. Estás últimas suelen carecer de costes asociados de emisión y mantenimiento, aunque se trata de un criterio que vendrá determinado por cada entidad bancaria.

Así pues, si un cliente de una cuenta joven cumple la edad máxima permitida y no disponer de una nómina para migrarse, tendrá que hacer frente a los costes derivados del mantenimiento y/o cancelación de la cuenta. Además, de los gastos de mantenimiento de las tarjetas de crédito y débito, y del resto de comisiones que la entidad bancaria tuviera establecidas.

En cuanto a la firma de una Hipoteca a partir de los 35 años, supondría tener que valorar muy bien las opciones disponibles, puesto que, entre hacerlo antes y después de esta edad hay un cambio significativo de condiciones. Una hipoteca que no esté enfocada a menores de 35 años supone una mejora de intereses y vinculación, pero también perder las ventajas asociadas a las hipotecas para jóvenes. Estas son, entre otras, el plazo de devolución, que no podrá ser superior a 30 años, y una concesión máxima del 80% del coste de la vivienda por parte del banco, por lo que el 20% restante tendría que tenerlo disponible el cliente en el momento de la compra del inmueble.

Además de lo comentado, es importante no despistarse en la edad de la compra de una casa, ya que en el caso de querer hacerlo, es posible que el asunto se complique llegadas determinadas edades, puesto que en muchos casos la edad máxima para pagar la última cuota es 70 años.

Por tanto, llegado el momento de calcular una hipoteca, o de pasar de un tipo de cuenta bancaria a otra, lo mejor será tener claras todas las opciones disponibles, evaluar los pros y los contras de cada una; y de esta forma, poder elegir el producto que más se ajuste a las necesidades particulares en cada situación.


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