La mala suerte y los coches malditos

Muchas veces tenemos un percance con nuestro automóvil que nos amarga el día. Esa columna del parking que no alcanzaste a ver, el “desgraciado” de turno que te raya la chapa con una llave porque sí, un balón que va a estrellarse directamente contra la luna o sencillamente, esa avería inesperada que hace que no puedas llegar a una cita importante. Y siempre aparece la misma frase detrás “¡¿Cómo he podido tener tan mala suerte?!” Y es que nos movemos con nuestro coche de aquí para allá, hacemos mil y un viajes, tenemos muchísimas y buenas experiencias con él, pero cuando le pasa algo, parece que la mala suerte conspira contra nosotros en la sombra. En realidad, es solo cuestión de probabilidad, nuestro coche es una de las posesiones que tratamos con más cariño, pero no por ello está exento de las condiciones externa ni de vivir en un mundo lleno de peligros.

Si queremos hablar de mala suerte con mayúsculas, entonces podemos revisar algunos acontecimientos históricos que sí que dan que pensar.

Francisco Fernando, Archiduque de de Austria y heredero al trono austro-húngaro, decidió ir en su nuevo automóvil de color rojo a un banquete celebrado en su honor en Sarajevo. La cosa empezó mal, ya que nada más llegar a la ciudad le fue arrojado un explosivo que llegó a herir a varios militares al cargo del Archiduque. Tras el incidente, prosiguieron la marcha pensando que los contratiempos acabarían ahí, pero el conductor se desorientó y terminaron en un callejón sin salida, siendo el blanco perfecto del rifle de un joven miembro de la sociedad La Mano Negra. Después de este suceso y a lo largo de los años, el coche fue pasando por varias personalidades que también cayeron en desgracia en lo que ya forma parte de una inverosímil maldición, más que de una probada mala suerte. Aunque teniendo en cuenta que hasta que el coche fue destruido “mató” a 16 personas, es para pensarlo.

Y otro coche histórico al que le ha caído el San Benito de “maldito”, es el Porsche 550 Spyder de James Dean. El propio Dean lo bautizó como “Little Bastard’ debido a la potencia y velocidad de la máquina. Tras el rodaje de la mítica película Gigante, el actor quiso probar su nuevo coche con fatales consecuencias, ya que un joven estudiante y su vehículo chocaron contra él causándole la muerte. Tras esto, al igual que sucedió con el Archiduque de Austria, el coche tuvo más víctimas. Las piernas de un restaurador que compró los restos del coche fueron aplastadas tras soltarse el vehículo de la grúa que lo transportaba. El restaurador vendió el coche por partes y aunque parezca mentira, éstas también causaron terribles accidentes. Puedes investigar esta historia por Internet, es realmente sorprendente. Incluso se culpa a la pareja de James Dean de usar magia negra en el coche ¡Increíble!

¿A que ya no parece tanta mala suerte un roce en la parte delantera? Es cierto, los pequeños accidentes suceden constantemente, pero para los imprevistos tenemos los seguros de coche que hay en Rastreator.com ¡Y a respirar tranquilos!


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