Mayor seguridad en la Fórmula 1 a raíz de la tragedia de Le Mans

La Fórmula 1 vivió un antes y un después, en lo que a las políticas de seguridad se refiere, a raíz del desastre de Le Mans, el accidente sucedido el 11 de junio de 1955 en el circuito de la Sarthe, cerca de Le Mans, durante la celebración de las 24 horas de Le Mans, en el que murió el piloto Pierre Levegh y 82 espectadores que disfrutaban de la carrera desde las gradas.

El Mercedes de Levegh se desintegró totalmente tras el impacto del coche a 200 km/hora, provocando una enorme explosión y llamaradas incontrolables a causa del magnesio con el que estaba fabricado su vehículo.

A consecuencia de esta tragedia que conmocionó a Europa y al mundo entero, y tan sólo dos días después, Francia, Alemania, España y Suiza prohiben las competiciones automovilísticas de Fórmula 1 por considerar que son demasiado peligrosas. Desde entonces crecieron las exigencias de mayor seguridad tanto para conductores como para espectadores. Resulta grotesco y hoy en día sería inaceptable por completo, que en 1955 los automóviles de carreras no contaban con cinturones de seguridad ya que los pilotos argumentaban necesitar salir del coche en caso de incendio. Tampoco existían, por tanto, niformes antifuego ni era obligatorio para todos los conductores el uso del casco. En los años 50 tampoco los seguros de coche contemplaban la cantidad de garantías que cubren hoy en día.

Una de las mayores curiosidades del accidente de Le Mans, es que la prueba no se interrumpió y siguió adelante a la par que el trabajo de las ambulancias. Según la organización, la anulación de la carrera hubiera acarreado el caos y dificultado las labores de evacuación de los heridos, por la probable invasión de las vías de emergencia.


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