Quedarse sin combustible

¿Quién no ha estado alguna vez con la reserva a cero? ¿Cuántas veces nos hemos librado de quedarnos “tirados” y pedir que nos lleven o tener que caminar hasta la gasolinera más cercana? Hay pocas circunstancias en las que resulte inevitable el agotamiento de la reserva de combustible. En la mayoría de las ocasiones se debe a un despiste o a la inconsciencia de apurar al máximo y hasta la última gota el depósito de nuestro coche.

Para empezar, puede acarrear una multa, ya que el Código de circulación no sanciona la falta de combustible, sino el estacionamiento prohibido. Estacionar en un arcén no está permitido, y si detenemos el coche en una carretera porque no podemos continuar circulando, estamos cometiendo una infracción. Salvo en caso de accidente o avería. Por lo que si pudiésemos sacarlo fuera de la calzada dejando libre la parte transitable del arcén, no estaríamos contraviniendo el código. Y debemos de saber que las pólizas que contemplen la Asistencia en Carretera no suelen cubrir estos eventos. Para asegurarnos de ello, consulta la póliza contratada con tu compañía, y si no te convence lo que has contratado, busca otra opción a través de Rastreator y seguro que encuentras un buen seguro de coche barato.

Otro punto de interés que conviene aclarar es el asunto de los recipientes utilizados para el traslado del combustible desde la gasolinera al lugar donde se haya estacionado el vehículo. Este es un tema de extrema importancia, ya que no nos planteamos de antemano cómo transportar el combustible. No es necesario llevar bidones específicos -eso lo dejamos para quienes deseen perderse en el desierto-, pero sí cualquier recipiente que haya sido homologado por la Ley de Transporte de Mercancías Peligrosas. No es algo que se deba tomar a la ligera, su incumplimiento acarrea multas de 2.000 a 3.000 euros.

Conviene tener en cuenta este hecho, no sólo por su incidencia económica, también porque puede multiplicar las molestias. Las gasolineras, por la misma Ley, no están autorizadas a servir combustible en recipientes no homologados. Garrafas y bolsas especiales son los únicos envases permitidos y son productos que no muchos conductores suelen llevar en sus vehículos. Y una última aclaración a este respecto: la gasolina es más inflamable que el gasóleo por lo que no tienen las mismas restricciones a su transporte o almacenaje. Sin embargo, tiene otros problemas.

El mayor de los inconvenientes está relacionado con los motores propulsados por gasóleo debido a las impurezas que se almacenan en el fondo del depósito y que cuando llegan a los inyectores, pueden obstruir los orificios por los que se pulveriza el gasóleo haciéndolos inservibles. Esto se produce no sólo cuando el Diesel se ha agotado, también cuando está en sus mínimos. La única solución, siempre y cuando no estén tan estropeados que haya que sustituirlos, es llevarlos al taller para efectuar una limpieza con el gasto económico que ello supone. Los gasóleos de última generación y la aparición en el mercado de productos que se vierten en el depósito y que eliminan los residuos en el circuito de alimentación han venido a minimizar el problema, aunque el riesgo existe.

Pero aún hay más. En un motor de gasolina, basta con repostar y arrancar el coche; en los Diesel antiguos la operación no es tan sencilla, es necesario un purgado del aire que a buen seguro habrá llegado sin oposición al circuito de alimentación y, para ello, sólo sirve una pequeña bomba manual, que la gran mayoría de los usuarios nunca llevamos en nuestro maletero.


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