¿Sanciones o multas recaudatorias?

Hay un debate que es recurrente en el mundo de la automoción y la seguridad vial. Está en la calle y seguro que has hablado de ello muchas veces, se trata de las mal llamadas “multas recaudatorias”. Quizá la gran pregunta que debemos hacernos en este asunto es: ¿Contribuyen todas las multas a la seguridad y el bienestar del ciudadano? Todo va a depender de la escala de valores con la que midamos y de nuestra confianza en los organismos correspondientes.

Pero podemos hacer otra pregunta más constructiva ¿Las infracciones más peligrosas y que suponen un mayor riesgo para nuestra seguridad están penadas adecuadamente? En este caso la respuesta es sí y sobran las discusiones. Lo que debemos valorar, cuando nos ponen una multa, es si realmente nuestra acción produce un riesgo. Y es importante valorarlo porque si nos limitamos a quejarnos de la sanción y poner verde a las fuerzas de seguridad o al Estado, perderemos de vista que nuestra acción equivocada debe ser corregida y que debemos tener más cuidado la próxima vez, ya no por el dinero que podemos perder, sino porque nos ponemos en peligro a nosotros mismos, a nuestros seres queridos y a otros ciudadanos.

En realidad, la mayoría de sanciones de tráfico que se realizan hoy en día están justificadas. Pensemos, por ejemplo, en la velocidad, que por mucho que les duela a algunos, sigue siendo una de las principales causas de accidentes. Aunque solo sean 10 Km/h de diferencia, la velocidad influye muchísimo no solo en nuestra capacidad de reacción, sino en el tiempo que le da al coche a desviarse del peligro y por supuesto, lo que no muchos tienen en cuenta, la fuerza con la que se produce el choque, que puede determinar la gravedad del accidente. Lo cierto es que a mucha gente le gusta correr en carretera y se defiende con argumentos como que yendo más lento se duerme y con una velocidad elevada se está en tensión y presta mayor atención. Para estas actitudes tan equivocadas y peligrosas son necesarias las multas de tráfico, que disuaden al conductor temerario haciéndole temer por su bolsillo.

¿Es realmente ésta la solución para que aumente la seguridad en nuestras carreteras y se reduzca la siniestralidad? Como se ha apuntado, si el problema está en la percepción del peligro y la sensibilidad del conductor hacia los demás, éste debería atajarse en ese punto y aquí es cuando entra en juego nuestra amiga la Educación Vial. Con una buena Educación Vial de base y también correctora cuando se produzca una infracción, se podría mejorar la situación actual, pero hasta que las cosas cambien y empecemos a tomarnos más en serio este asunto, deben existir herramientas para disuadir a los conductores de las malas acciones y compañías aseguras que se hagan cargo de las consecuencias derivadas de un accidente. Para consultar y comprara hasta una treintena de ellas, para tu seguro de coche puedes entrar en Rastreator.com.


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