Seguro frente a la suplantación de identidad

El uso de internet para realizar cualquier gestión administrativa, compra o comunicarnos con los demás ha propiciado el tránsito de nuestros datos más sensibles (identidad, domicilio, teléfono, incluso información bancaria) hacia servidores de empresas de todo tipo con las que contactamos a través de la red. Se da por sentado que la gestión de la información que estas compañías hacen es segura. De lo contrario, no se explicaría que hacia ellas haya sido transferida buena parte de la privacidad personal. Pero esta acumulación de datos resulta muy tentadora para los ciberdelincuentes.

Precisamente por eso, las compañías aseguradoras están comenzando a incorporar entre sus coberturas un modelo de seguro que, en el futuro, tendrá gran demanda. Puede conocer si su aseguradora de referencia le ofrece esta cobertura en el portal especialista Rastreator.

Nos referimos al seguro contra el robo de identidad. Por un coste asumible (aproximadamente 90 euros anuales), incluye cobertura para hacer frente a los honorarios de los abogados y a la reposición de documentos.

Sustracción del DNI y los números de la tarjeta

Esta particular póliza tiene por objeto ofrecer cobertura cuando otros utilizan nuestra información personal para un acto delictivo. Desde el Phisning de las redes sociales, a la sustracción de los datos identitarios que nos representan. No es ninguna tontería. En España, los robos de identidad guardan sobre todo relación con la apropiación de los dígitos de las tarjetas de crédito bancarias y con los datos necesarios para obtener un documento nacional de identidad o pasaporte falsos con los que acceder a la formalización de contratos de alquiler, por ejemplo. Fuentes policiales indican también que comienza a ser frecuente suplantar la identidad para asuntos relacionados con temas financieros como la petición de créditos. Las propias entidades financieras incluyen un seguro contra la pérdida y suplantación de la personalidad para sus tarjetas de crédito.

Las aseguradoras que proponen pólizas contra el robo de identidad consideran prioritaria esta misma cuestión. De hecho, suelen contemplar dos tipos de riesgos potenciales.

  • La sustracción de la identidad con fines criminales: supone componer una identidad propia con datos de otro con la que tener una referencia identitaria. Un ladrón de identidad puede utilizar la información ajena para obtener un empleo u obtener una línea de teléfono, por ejemplo.
  • Uso fraudulento de tarjeta bancaria. Con internet, es posible utilizar una tarjeta de otra persona para pagar en un comercio online. Los sistemas más avanzados solicitan un PIN personal, pero numerosas páginas web permiten comprar solo con el número de la tarjeta y la clave de seguridad que figura en la parte posterior de la misma. Un experto en suplantación de personalidad puede usar la tarjeta para comprar todo tipo de objetos e, incluso, revenderlos y obtener cuantiosas ganancias.

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