El capó sirve para más cosas de las que piensas

El capó es algo más que una simple tapa para cubrir el motor. Pese a lo que parece, es un elemento clave de protección en los accidentes y frente a los ruidos.

Los automóviles de hace treinta años tenían un capó muy pesado, hecho de chapa y acero. Aparte de suponer demasiado peso para el vehículo, en caso de accidente el capó prácticamente no se deformaba, pero tampoco protegía al conductor y los otros ocupantes del vehículo, que sufrían lesiones graves en la cabeza y el tórax. Por otra parte, si se atropellaba a un ciclista o a un peatón, era difícil que éste sobreviviera, ya que el golpe contra el capó era como hacerlo contra un muro de hormigón.

Hoy en día, la normativa europea obliga a que los capós sean más ligeros, para que puedan absorber los impactos. El aluminio ligero del que están compuestos permite que se deforme en un choque frontal, y esto hace que se absorba el impacto. También el índice de supervivencia de peatones y ciclistas ha mejorado ya que el capó, además de estar hecho con un material más suave, no cuenta con bordes afilados.

El hecho de que el capó se deforme más que antes no supone una gran diferencia para el conductor, ya que, tras un accidente, es obligatorio sustituir el capó por otro, independientemente del grado de deformación que presente.

Otra de las funciones del capó es proteger a los ocupantes del vehículo del ruido. En su parte interior se han instalado dispositivos especiales que absorben no solo los ruidos, sino también las vibraciones, haciendo que el vehículo sea mucho más silencioso.

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