Comprar una isla puede ser más rentable que un piso

Se imagina vivir como Robisson Crusoe, en una isla… El paso de la ficción a la realidad es posible para el español medio que, desde luego, puede hacerlo en la condición de propietario, no en la de náufrago. Cualquiera puede plantearse el vivir en una isla o adquirirla a efectos de una posible revalorización a futuro. Y el precio no tiene por qué ser un impedimento. Porque dejando a un lado determinados espacios auténticamente paradisíacos cuyo coste sí es prohibitivo, hay ofertas de pequeñas superficies por menos de 100.000 euros. Es decir, menos de lo que cuesta un piso en las capitales de provincia más pequeñas. El páramo en que se ha convertido el mercado inmobiliario ha llevado al negocio a especializarse en la venta de islas en lugares tan diversos como Panamá, Grecia o Canadá. Pero si está decidido a hacerlo, sepa que hay que actuar con cautela, como el que compra un hogar y toma en consideración toda suerte de disposiciones, seguro de hogar incluido. En Rastreator queremos resumirte aquellos aspectos que conviene tener en cuenta.

Qué conviene tener en cuenta

Por lo general, las islas más asequibles son pequeñas superficies de tierra más o menos alejadas de tierra firme. En primer lugar, uno debe informarse sobre las variaciones geográficas recientes y la exposición a inundaciones estacionales susceptibles de disminuir la superficie “habitable”. Del mismo modo, habrá que observar si una oferta a bajo precio compensa el gasto de habitabilidad. Para ello hay que sopesar el coste de instalarse, ya sea de manera permanente o temporal. Una isla demasiado alejada de los centros urbanos puede suponer gastos elevados: traer agua potable, conseguir electricidad, crear un puerto de acceso por mar… Por poner un ejemplo, de las 5.000 islas e islotes censados en Grecia, apenas unas 300 se encuentran habitadas. Son las que disponen de agua corriente.

El estatus legal de la propiedad en el lugar donde se ubica es otro factor a tener en cuenta. En determinados países con miles de kilómetros de costas, y cientos de islas, la legislación vigente respecto al acceso a las costas y playas del territorio patrio es libre. Esto impone un límite a la propiedad privada importante que habrá de conocerse en profundidad. Además, en océanos y mares se cuentan por doquier los archipiélagos que gozan de un estatus “protegido”, lo cual establece restricciones de uso importantes que la propiedad privada debe contemplar.


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