Nos divorciamos; quiero la casa

Para el español medio, la vivienda es el principal bien que se posee, asique en caso de divorcio la casa suele convertirse en mercancía de transacción entre uno y otro cónyuge. Si uno de ellos decide quedársela en propiedad, debe compensar al otro. Concretemos con un ejemplo: hablamos de una pareja casada, sin hijos, en régimen de Sociedad de Gananciales y cuya vivienda, donde tienen establecido el domicilio familiar, fue adquirida por ambos vigente el matrimonio. Es indistinto si la vivienda es VPO (Vivienda de Protección Oficial) o no. Han decidido divorciarse, lo van a hacer de mutuo acuerdo y uno de los cónyuges desea quedarse la vivienda para sí. ¿Qué hay que hacer? Antes de nada, desde Rastreator consideramos conveniente avanzar varias aclaraciones, para despejar de antemano dudas muy frecuentes.

  • En primer lugar, hablamos de la titularidad de la vivienda y no de su uso. Titularidad y derecho de uso no tienen por qué coincidir en la misma persona, pues el derecho de uso lo decidirá el juez en su sentencia de divorcio en función de si hay hijos menores o un cónyuge merecedor de más protección. En este artículo trataremos el supuesto de un cónyuge que desea quedarse la vivienda familiar en propiedad, al margen de quién tenga atribuido el uso.
  • En segundo lugar, es indiferente a nombre de quién de los cónyuges esté inscrita la vivienda en el Registro de la Propiedad siempre y cuando haya sido adquirida vigente el matrimonio y con el dinero de ambos. Si es así, la vivienda tiene la naturaleza de bien ganancial y pertenece a ambos por mitad.
  • En tercer lugar, no se puede obligar al otro cónyuge a que nos venda su mitad de la vivienda familiar. Es una decisión voluntaria. Si nuestra pareja no quiere vendernos su parte es imposible forzarlo. La casa permanecerá en proindiviso.

Entrando ya en el caso propiamente dicho, el camino a seguir pasa ineludiblemente por la disolución y liquidación de la sociedad de gananciales, cosa que se puede hacer tanto antes del divorcio -sustituyendo mediante Capitulaciones Matrimoniales el régimen económico matrimonial de Sociedad de Gananciales por el de Separación de Bienes- como con ocasión del procedimiento judicial de divorcio, incluyendo la propuesta de disolución y liquidación de la sociedad de gananciales en el Convenio Regulador.

La disolución y liquidación de la Sociedad de Gananciales es un procedimiento consistente en hacer un inventario de los bienes, derechos y obligaciones que la integran, valorarlos y repartirlos a partes iguales entre los cónyuges. Todo ello se formaliza en un documento en el cual se pueden recoger también todos los pactos y acuerdos que la pareja estime oportunos. Pues bien, la adquisición de la totalidad de la vivienda familiar por uno de los cónyuges se formaliza al disolver y liquidar la sociedad de gananciales y adjudicársela en su totalidad a dicho cónyuge. Esto lógicamente produce un desequilibrio, denominado exceso de adjudicación, que requiere la compensación mediante pago en metálico al cónyuge perjudicado.

Sea quien sea quien finalmente se quede con la casa, deberá contar con un seguro de hogar si quiere evitar gastos innecesarios. Tener un seguro de hogar no es obligatorio, tal y como ocurre con otros seguros, como el seguro de coche o el seguro de moto, pero sí altamente recomendable, ya que los costes de determinados incidentes, como la rotura de una tubería, suelen conllevar gastos muy elevados. Si no tenemos contratado un seguro de hogar que cubra estas eventualidades tan comunes, tendrá que ser nuestro bolsillo el que soporte los gastos derivados. En Rastreator encontrarás numerosas opciones a cargo de las principales compañías de seguros del mercado.


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