Un despiste muy caro

Tener una sartén en la vitrocerámica calentando aceite para freír patatas no tiene nada de particular. Pero, que al mismo tiempo suene el teléfono y acudamos al salón a contestar la llamada…, es un peligro potencial.

Te pones a hablar y en la conversación dejas olvidada la sartén, el aceite y cualquier otra cosa. La verdad es que yo era de las que pensaba que como tenía que recortar gastos, un seguro de hogar era un lujo que no me debía permitir. Y cuando intentas convencerte de algo, te haces las preguntas más inverosímiles y las respuestas menos sensatas: ¿Cómo van a entrar aquí ladrones si tengo puerta blindada? ¿Quién va a entrar si se ve a la legua que son casas sencillas? Además, yo estoy siempre pendiente de todo, así que ¿qué puede ocurrir? Es una tontería preocuparse por cosas que nunca van a pasar, etc.

Si pudiera, borraría todo ese monólogo conmigo misma. Recortar sí, pero en seguridad nunca. Y las sartenes son como las armas, que las carga el diablo.

Como he dejado claro, no tenía seguro de hogar. Se me fue el “santo al cielo” y esta vez el incendio no se produjo en casa de los demás, sino en la mía. El fuego de la sartén prendió la campana extractora, ésta a su vez lo propagó al resto de los muebles y electrodomésticos, y en un abrir y cerrar de ojos, cuando me empezaba a llegar el olor, mi cocina estaba ardiendo por los cuatro costados.

Al pánico, los bomberos, los gritos y el sofocón, le siguieron la tila, las explicaciones a los vecinos y el sentimiento de culpa.

Pero más tarde llegó lo peor. Hay que desescombrar, pintar y reponer todo lo que contenía la cocina, que así, “a bote pronto”, no parece mucho, pero lo es. Muebles, encimera, cortinas, lavadora, lavavajillas, microondas… Entonces el monólogo fue mucho más constructivo: Esto no me volverá a pasar nunca. El seguro de hogar lo contrato hoy mismo. Prefiero quitármelo de donde sea. Pero que tonta he sido. Y ahora, ¿de dónde saco todo el dinero que necesito para reconstruir la cocina?

Y os aseguro que de no haber contratado un seguro de hogar ese mismo día, ya no hubiera vuelto a dormir tranquila.

En una casa, además de sartenes, hay muchas otras armas que las carga el diablo: grifos, llaves que se olvidan dentro, balones que juegan contra las ventanas.

¡Ah! y me resultó muy fácil elegir un buen seguro, barato y tranquilizador. Porque introduje los datos de mi casa en Rastreator y me hicieron una comparativa entre aseguradoras de lo más fiable y rápida.


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