Va de refranes

“Más vale prevenir, que curar” o “Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, son refranes cortos que encierran cada uno de ellos una explicación de mil palabras.

No apetece nunca ponerse en lo peor, es decir, asegurarse ante las inclemencias del tiempo o de las circunstancias, porque parece que sólo les puede tocar a los demás, por pereza o por economía. Pero si fuéramos previsores, un seguro de hogar sería uno de los primeros gastos que nos plantearíamos al cobrar la nómina cada mes.

Y como va de refranes, ya sabéis que “Las armas las carga el diablo” y aunque en la mayoría de las casas no hay armas, sí hay sartenes con aceite hirviendo preparado para recibir patatas y teléfonos que suenan en el momento menos conveniente. Esa sartén, en ese momento, es un arma peligrosísima. Te olvidas de ella y cuando te empieza a llegar el olor a quemado, es tarde. La cocina está en llamas, la sartén ha incendiado la campana extractora y ésta, a su vez, ha trasladado el fuego a los muebles…

Primero, llamadas de auxilio; después, los bomberos; más tarde, explicaciones a los vecinos, y por último, la desolación de ver que en el lugar donde estaba la cocina, sólo queda un montón de escombros. Y el arrepentimiento, eso es tremendo: “¿Cómo no contraté un seguro de hogar?” Pero ya no hay solución.

Y empiezas a pensar que las sartenes no son las únicas armas que hay en una casa, que también hay pelotas que juegan con los cristales de las ventanas, llaves que acostumbran a no querer salir de casa y muchas otras más.

Entonces vuelas al ordenador y buscas la página web Rastreator.com, te metes en ella y buscas comparativas de precios entre las compañías aseguradoras para encontrar la que más se adapta a tu bolsillo y con las garantías que quieres tener. Contratas tu seguro de hogar y a partir de ese momento, duermes tranquila.


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