Cuando la discriminación es la norma

¿Cuánto cuesta un seguro? Hoy por hoy, el cálculo es variable según factores que, con frecuencia, tienen que ver con el sexo, la edad, la nacionalidad, la profesión, el estado civil o el lugar de residencia. Comprobarlo es sencillo: basta con rellenar un formulario en un comparador de seguros online, como por ejemplo Rastreator. El negocio asegurador trabaja con datos estadísticos que dicen que los jóvenes protagonizan más siniestros que los mayores o que los que viven en Cuenca, porque tienen menos tráfico, sufren menos accidentes que los que lo hacen en La Coruña, con peores condiciones climáticas y mayor número de carreteras de doble sentido. El resultado son discriminaciones generalizadas, aunque las compañías de seguros argumentan sus razones.

Discriminaciones generalizadas

  • El sexo: en automóviles, el factor de tarificación por sexo beneficia a las mujeres pero no es así, por ejemplo, en los seguros de salud donde las mujeres pagan más, sobre todo si están en edad fértil la edad.
  • La edad: los jóvenes pagan más.
  • La nacionalidad: los inmigrantes pagan más que los nacionales.
  • La profesión: un médico paga menos que un albañil.
  • El estado civil: un soltero paga más que un casado.
  • El lugar de residencia: si se vive en Madrid se debe pagar más que si se hace en Teruel.

La sociedad actual defiende la igualdad entre todos los ciudadanos sin discriminaciones de ningún tipo. Por eso, el sentido común tiende a cuestionarse si las aseguradoras deben fijarse en el sexo o cualquier otra variable de la condición humana para calcular el precio de sus pólizas. Pero el sector tiene una respuesta bien argumentada. Si se quiere un sistema justo -suelen objetar- donde pague más quién tiene más exposición al riesgo y por lo tanto, mayor probabilidad de siniestros, es necesario que se incluyan todos los factores que inciden en la siniestralidad. Y entre ellos está por ejemplo el sexo del conductor. Dicen los estudios que las mujeres suelen ser más prudentes que los hombres, y tienen menos accidentes, o estos son de menor gravedad, y por lo tanto, requieren menor indemnización por parte de las aseguradoras.

Con todo y con esto la unión europea, más próxima al sentir ciudadano que a la lógica de las aseguradoras, ha publicado una norma que entrará en vigor a finales de 2012 según la cual las compañías no podrán considerar el sexo como factor de riesgo para calcular la prima en sus contratos. Toda vez que la condición hombre/mujer dejara de ser un factor discriminatorio resulta oportuno preguntarse si lo mismo que se elimina el sexo, se eliminará la edad, la nacionalidad, la profesión, el estado civil o el lugar de residencia como condiciones a tener en cuenta en el cálculo del seguro. Y a partir de ahí, que todos paguemos lo mismo por los seguros, como si fuera una comunidad de vecinos. El sistema ya no será tan justo, argumentan las aseguradoras, pero de ser así, entonces sí, se habrá cumplido con la norma de no discriminación por ninguna razón, puede pensar cualquiera.


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