Cuestión de tradición

Vivimos en un país en el que la tradición manda tener casa propia. Y nos sorprendemos cuando nos encontramos con alguien de cierta edad que vive de alquiler.

Hace unas décadas era casi obligatorio casarse, habiendo invertido previamente en una entrada para un piso. Ahora, como están las cosas como están, muchas parejas comienzan en un nido de alquiler. Pero eso sí, en cuanto reúnen un dinerillo o les ayudan las familias, compran.

Y he aquí que te acomodas en una casa muy mona, mediante una hipoteca. Y ni se te ocurre pensar, como tampoco a tus antecesores, qué puede ocurrir… Sin ponernos en lo peor, optimismo ante todo, optimismo pero realidad, muchos de nosotros podríamos terminar de pagar la hipoteca de nuestras casas a la edad nada menos que de 78 años.

Si tus hijos son veinte y treintañeros, y se están buscando la vida entre las inquietantes ofertas de trabajo que se publican en los medios de comunicación, la cosa se complica, ya que dependen de ti. Y aunque te encuentres estupendamente de salud, los años van pasando irremediablemente. El calendario no tiene piedad.

Y no es que te arrepientas de la adquisición de una vivienda… Pero quien más y quien menos reconoce que una de sus grandes preocupaciones es dejar colgados algún día a sus hijos con una hipoteca a cuestas.

Solución hipotética: si yo falto, que vendan el piso y salden la deuda con el banco.

Solución real a día de hoy: si yo falto, no van a poder vender el piso porque no se vende nada.

Lo mejor es decidirse y poner una solución a esta realidad. Visita la página web de Rastreator, en la que se pueden encontrar seguros de todos los tipos, comparativas entre aseguradoras y soluciones para cualquier situación. Encuentra un seguro de vida que te encaje y contrátalo. Por tus hijos y por tu tranquilidad. Evitar un futuro con deudas millonarias.


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