En 20 años serán necesarios dos planetas para mantener el estilo de vida actual

Todos nos proyectamos a futuro. Pensamos cómo estaremos y qué haremos dentro de 10, 15 o 20 años. Cualquiera de nosotros está expuesto a riesgos de todo tipo que pueden dar un giro de 180 grados a la vida que disfrutamos. Se puede perder el empleo, la pareja, la salud. En el peor de los casos, la vida puede concluir de un día para otro. El nivel de concienciación es especialmente elevado en torno a este último aspecto y entre los recursos que pueden hacer el trance más llevadero para quienes nos sobrevivan está el seguro de vida que las aseguradoras ofertan en portales especialistas como Rastreator. Pero muy pocos reflexionan acerca de otra cuestión tanto o incluso más trascendental: la sostenibilidad del modo de vida al que estamos acostumbrados.

Quienes hemos tenido la suerte de nacer en países desarrollados estamos viviendo como si tuviéramos un planeta extra a nuestra disposición. Y no es así. El último “Informe Planeta Vivo 2012” del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, sus siglas en inglés) es concluyente. El documento evalúa la salud de la Tierra y revela que la riqueza y la diversidad natural continúan decreciendo de manera verdaderamente preocupante. Dice el informe que utilizamos un 50 por ciento más de recursos de los que la Tierra puede proveer y a menos que cambiemos de rumbo, esa cifra crecerá muy rápido: en 2030, incluso dos planetas no serán suficientes. La demanda de la humanidad ha superado en un 30% la capacidad de abastecimiento de la Tierra. Debido a este nivel de insuficiencia, el reto es crear un futuro próspero que proporcione alimento, agua y energía para los nueve o quizás diez mil millones de personas que estarán compartiendo el planeta en 2050.

El primer desafío es producir el alimento que necesitamos y a ello puede contribuir una agricultura más productiva, que utilice mejores semillas y técnicas de cultivo, y menos sustancias químicas y agua. Se pueden volver a hacer productivas las tierras degradadas y cambiar las dietas, sobre todo disminuir el consumo de carne en los países de ingresos altos.

El segundo objetivo es asegurar que haya suficiente agua para nuestras necesidades y también para conservar la salud de los ríos, lagos y humedales de donde procede. Unas técnicas de regadío más inteligentes y una mejor planificación de los recursos, por ejemplo, nos ayudarán a utilizar el agua de forma más eficiente. Más importante aún, necesitamos establecer regímenes de gestión hídrica que impliquen a una mayor variedad de actores y que manejen las cuencas fluviales como lo que son, sistemas vivos complejos y de gran diversidad.

El tercer gran reto es satisfacer todas nuestras necesidades energéticas de fuentes como el viento y la luz del sol, que son limpias y abundantes. El primer imperativo es disminuir notablemente la energía que utilizamos, pues aumentar la eficiencia de nuestros edificios, vehículos y fábricas puede reducir a la mitad su uso total. Si ahorramos esa energía, será posible satisfacer todas nuestras necesidades de fuentes renovables, siempre que se priorice la integración de esas tecnologías en la economía y se eliminen las subvenciones multimillonarias que nos mantienen atados al petróleo y al carbón.


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