Por qué contratar un seguro de vida cuando se es joven

Erróneamente, los mayores niveles de contratación de seguros de vida se registran en edades ya avanzadas. Como si la condición saludable tan sólo se viera agredida a partir de haber vivido lo suficiente. Como si la muerte sólo fuese cosa de personas entradas en años. A lo sumo, los más adelantados lo hacen en el momento de formar una familia, preocupados por el futuro de cónyuge e hijos ante la pérdida económica que significaría el fallecimiento, un accidente o una enfermedad grave. En efecto, este carácter preventivo es el principal argumento que esgrimen las aseguradoras para motivar a los ciudadanos a contratar un seguro de vida. Pero hacerlo cuando se es joven –es posible hacerlo desde los 18 hasta los 65 años- también puede resultar muy ventajoso para el usuario por otros factores.

Primera ventaja: puede ahorrar unos euros. Tomar la decisión a edad temprana, cuando se comienza a sentar la cabeza y a asumir responsabilidades a futuro, tiene un coste inferior a los seguros que se contratan a edad avanzada. Éstos, suelen ser más caros porque las compañías aseguradoras consideran que aumenta el riesgo por el cual se asegura.

Segunda ventaja: tributaria. El capital contratado (el que recibirán los beneficiarios en caso de fallecimiento del que suscribe el seguro de vida) no está afecto a descuentos tributarios por impuesto a la herencia.

Tercera ventaja: Inembargable. El capital asegurado no responde por deudas que el asegurado tuviera al fallecer.

Cuarta ventaja: póliza flexible. El contratante puede adaptar su seguro a las distintas necesidades de protección que afronte a lo largo de su vida, sin necesidad de adquirir nuevas pólizas. Podrá adaptar los capitales asegurados en cualquier momento, contratar nuevas coberturas, definir la modalidad de inversión de su fondo, retirarlo en parte o el total y/o adaptar libremente su plan de pago de primas sin perder ningún beneficio contratado.

Si trabaja, multiplique por siete sus ingresos anuales para calcular el valor asegurado

Independientemente de la edad que se tenga, antes de decidir sobre la póliza de seguro que merece la pena contratar debe tomarse una decisión vital: cuánto le gustaría asegurar. Esto depende de la situación laboral, la salud y las necesidades familiares. Si se tiene un empleo fijo, se recomienda estimar un valor a asegurar correspondiente al menos con la multiplicación por siete de los ingresos anuales con que se cuenta. Si se está jubilado, deben calcularse las necesidades para los próximos 10 años. Una comparativa de las diferentes opciones que ofrecen las aseguradoras es posible consultarla en el comparador online Rastreator.

Descripción:

Propietarios e inquilinos de una plaza de garaje en un edificio residencial que aparcan la moto en el hueco que deja el coche pueden respirar tranquilos. Se trata de un hecho bastante común que suele levantar suspicacia entre el vecindario. Pero si en la misma plaza entran la motocicleta y el coche sin que se invada la plaza colindante ni los espacios de circulación común, nadie tiene nada que objetar. Ni tan siquiera en términos de seguridad.

Como sucede con el coche, el seguro de moto garantiza la cobertura frente a posibles daños que pudiera ocasionar. El comparador de seguros Rastreator ofrece al usuario una comparación de los precios y coberturas ofrecidas por varias compañías. Asimismo, una moto aparcada en la misma plaza de garaje que el coche comparte la cobertura que ofrezca el seguro del garaje frente a determinadas eventualidades. Los propietarios sufragan estas pólizas de forma proporcional a sus metros, como en el caso del piso, sin que el importe varíe en función de los vehículos que se tengan aparcados.

Exigencias a las comunidades de vecinos

Por ley, las comunidades de vecinos deben suscribir un seguro que cubra accidentes estructurales que puedan causar daños a vehículos: derrumbes, inundaciones o daños a personas por accidentes, por ejemplo. Pero no así rayones o abolladuras. En estos casos se hará cargo el propio seguro, o el del otro vehículo implicado, como si el siniestro hubiese ocurrido en la calle. En la práctica, las comunidades suscriben dos tipos de póliza para cubrir sus garajes. Las multirriesgo, similares en coberturas a las de hogar pero relativas al conjunto comunitario, y las pólizas de responsabilidad civil.

¿Multirriesgo o responsabilidad civil?

Para un garaje, los profesionales consideran más adecuada una póliza de responsabilidad civil. Razones: la póliza multirriesgo asegura el conjunto del inmueble (sobre todo elementos comunes) y la mayoría incluyen las viviendas como elementos privativos de continente. Pero los vehículos de los copropietarios (ya sean motos o coches) en ningún caso quedan asegurados (para eso disponen de su propio seguro) y en caso de contemplarse un pequeño capital de contenido es para mobiliario y maquinaria común. Por ello, no tiene sentido asegurar el continente, y no es probable que exista contenido común en un garaje.

¿En caso de incendio?

Por su parte, el seguro de responsabilidad civil ofrece cobertura a siniestralidades habituales, como por ejemplo los daños ocasionados por la rotura de una tubería general del edificio que discurre por su interior. Además, si se produjera un incendio en el garaje comunitario, que raramente ocurren, la póliza cubriría los daños a los vehículos siempre que se considere a los copropietarios como terceros frente a la propia póliza comunitaria y, sobre todo, que exista responsabilidad comunitaria. Es decir, que el incendio se origine en un elemento común y no haya sido provocado. Si por el contrario el incendio fuese originado por un vehículo no habría ninguna responsabilidad comunitaria y tendría que hacerse cargo su seguro, siempre y cuando pueda demostrarse su responsabilidad.


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