Que tu seguro de vida no haga aguas

Un seguro de vida, como cualquier otro seguro de riesgo, no tiene otra utilidad que la de cubrir un potencial siniestro que no podríamos asegurar por nuestros propios medios, lo que no significa que no existan personas que posean suficientes recursos como para “auto-asegurarse”; pero de lo que se trata es de hablar de quienes no tenemos esa suerte. Y es que, quién tiene posibilidad, contrata un seguro de vida para no descapitalizarse ante un eventual suceso.

Al final, somos los “comunes mortales” a los que nos interesa estar asegurados para poder hacer frente al daño económico que nos causaría un hecho de muerte o invalidez, y evitar así un grave quebradero de cabeza a la unidad familiar.

Una de las preguntas frecuentes que nos hacemos es durante cuánto tiempo necesitaremos estar asegurados, y es una buena pregunta sencilla de responder, necesitamos saber la cantidad de dinero que deberemos reunir como respaldo y cuanto tiempo nos llevará hacerlo hasta el momento en que nuestro seguro de vida tenga su propio peso en la composición de nuestro patrimonio.

El seguro de vida está pensado para cubrir responsabilidades derivadas de nuestras acciones y no deudas, y es que la mayoría de los seguros de vida que se contratan en este país están pensados para cubrir una deuda, ya que las entidades financieras los vinculan a los préstamos -generalmente hipotecarios- para garantizarse el cobro si nos ocurriese algún evento que imposibilite la cancelación del préstamo.

Algunas de las características que debe tener un buen seguro de vida es que impida que la aseguradora pueda cancelar de forma anticipada nuestra póliza, que tenga fijadas con claridad las primas que vamos a cobrar, que sea renovable anualmente y que contemple la prórroga. Deberemos, en cualquier caso, tener identificados ampliamente a los beneficiarios, con su nombre y apellidos, para poder cobrar el seguro sin esperar a la declaración de herederos. Tenemos que cumplimentar fielmente el cuestionario -que nunca nos puedan acusar de mala fe- y declarar todo con veracidad, debemos entender toda la información del contrato: primas, duración y exclusiones, y valorar la conveniencia de incorporar garantías adicionales como la incapacidad permanente absoluta por cualquier causa y no sólo por accidente.

Una forma rápida de comenzar a pensar en ello es utilizar un comparador de seguros como Rastreator que nos ofrezca varias opciones a nuestras necesidades. Porque, al final, un seguro de vida es como tener un airbag en nuestro coche, mejor que nunca lo utilicemos, porque la finalidad de ambos es protegernos ante un caso de mala suerte.


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