“Asegurada de incendios” ¿por qué en Madrid se presume de seguro en las fachadas?

  • En 1822 se creó la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid en la que los que la formaban eran socios aseguradores y asegurados al mismo tiempo
  • Los socios eran al mismo tiempo asegurados y aseguradores, y debían colocar la puerta de su vivienda la placa que indicaba: Asegurada de Incendio

Paseando por el centro de Madrid se puede observar que el dintel de muchos portales de viviendas está coronado por un letrero que dice: Asegurada de incendio. ¿Qué significa esto? ¿Por qué no lo pone en todas? ¿Acaso se trata de un aplique decorativo? Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que hace algunas décadas contar con estas placas era muy importante y el hecho de que existan se debe a un gran avance en el mundo de la protección del hogar que se remonta a finales del siglo XIX.

Y es que por aquel entonces en Madrid eran muy comunes los incendios en las viviendas. En una época en la que la mayoría de los hogares contaba con materiales fácilmente inflamables alrededor de iluminaciones caseras tales como candiles y chimeneas, la probabilidad de sufrir un incendio que terminara convirtiendo la casa en unas pocas cenizas era bastante alta.

Con esta premisa como punto de partida y con el objetivo de proteger las viviendas de los efectos devastadores del fuego nació la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid, y con ella las famosas placas…

Las casas en Madrid en el siglo XIX

Después de que Felipe II eligiera como sede de su corte el pequeño pueblo de Madrid, este prácticamente duplicó su población y pasó a convertirse en una gran ciudad. Y aunque era diferente a como es en la actualidad, Madrid tiene hoy algo muy característico que ya existía en aquella época: el trazado tan desastroso de sus calles. A finales del siglo XVIII, además, no había ni agua corriente  ni alcantarillado, algo que continuó siendo así hasta que nació el Canal de Isabel Segunda a principios del XIX.

Las torcidas callejuelas de ese antiguo Madrid estaban plagadas de corralas donde vivían las familias de clase baja que podían permitirse un pequeño pisito de una o dos habitaciones. La singularidad de estas viviendas estaba en que las puertas de las casas estaban situadas en un pasillo exterior y en cada planta había un baño de uso compartido.

En una escala inferior se situaban las chozas construidas con materiales modestos como la paja y el barro, donde vivían los ciudadanos más pobres y con un riesgo de exclusión social más alto. Por su parte, los ciudadanos de clase media solían vivir en pisos, que también estaban situados en el centro de la ciudad. Estas viviendas eran bastante similares una de otras y por lo general tenían un pasillo largo y varias habitaciones alrededor de éste. Además ya contaban con baño propio. Por último, en un escalón más alto estaban situados aquellos que pertenecían a la aristocracia y que vivían en palacios y palacetes en barrios acomodados con más lujos.

En los materiales utilizados se encontraban normalmente el adobe, la paja y, sobre todo, la madera. Este último era usado para hacer el esqueleto de la casa, las vigas, el revestimiento de suelos e incluso las ventanas. Y teniendo en cuenta que se trata de un material que arde con mucha facilidad, era muy común en la época que en caso de incendio éste se extendiera rápidamente, de tal forma que en muy poco tiempo las casas quedaran reducidas a cenizas. A esto hay que añadir que por aquel entonces la capacidad de los bomberos era bastante limitada. Así, al no existir seguros de Hogar, todos los factores jugaban en contra del propietario del inmueble en caso de que hubiera un incendio, ya que debía asumir todos sus costes.

Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid

La Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid surgió de la necesidad de subsanar el daño material y económico provocado por el fuego. Por medio de la iniciativa privada, se constituyó este ente en el que todos los asegurados eran a la vez aseguradores, y que disponía de un fondo con el que se reparaban los efectos provocados por las llamas.

Tras varios intentos fallidos realizados en 1820 por  Francisco Doufeau y  Agustín Mahelin, finalmente en el año 1822 Manuel María de Goyri fundó esta sociedad a raíz de varias reuniones entre propietarios que compartían la misma preocupación por los efectos del fuego sobre sus propiedades. El proyecto se presentó en el Ayuntamiento de Madrid y fue aprobado el día 10 de noviembre de 1822 en la biblioteca de San Felipe. De esta forma nacía en España la primera aseguradora de su historia, en cuyo preámbulo del reglamento queda expuesto lo siguiente: “Las odiosas distinciones, y monopolios infames no pueden tener lugar en una asociación de esta naturaleza, que fundada en la igualdad de sentimientos y conformidad de necesidades, debe aparecer ante los ojos de toda persona imparcial como la más filantrópica y de pura beneficencia”.

Funcionamiento

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Hasta 1868 Madrid estuvo rodeada por la conocida como “cerca de Felipe IV”, un muro sin vocación defensiva que servía para vigilar la entrada y salida de personas y mercancías. Los propietarios de las viviendas situadas dentro de la cerca de Felipe IV eran socios aseguradores y asegurados al mismo tiempo, puesto que se proporcionaban una garantía recíproca y una responsabilidad mutua. De esta forma, si se diera el caso de un incendio en cualquiera de las casas que formaban parte de la Sociedad, el propietario era indemnizado con la prorrata del capital asegurado.

En la primera junta general, celebrada el 6 de enero de 1823, se recaudaron cerca de dos mil duros (60 euros) y así se pudo hacer frente a las obligaciones iniciales. Tras esto, los asegurados recibieron una póliza y una tarjeta o placa con la famosa inscripción “Asegurada de incendios”. Ésta debía ser colocada en la fachada de la vivienda, y en caso de dejar de pertenecer a la Sociedad, tenía que retirarse de inmediato.

De aquella primera junta general y su artículo 21 deriva el actual artículo 15 de la ley 50/80 de contrato de seguro. En este se establece que el asegurado dispone de un plazo de un mes para efectuar el pago de su cuota (prima), siendo en caso contrario demandado. Esto fue instaurado junto con el resto de la normativa de la Sociedad, así como del procedimiento a seguir en caso de incendio, que era el siguiente:

  • Una vez que los bomberos habían conseguido apagar el fuego el propietario de la vivienda debía llamar a los técnicos para que pudieran realizar el peritaje de la misma.
  • En caso de que hubiera discrepancia tras la visita del perito, podía acudir un tercero a evaluar el valor de la indemnización.
  • Decidido el importe de ésta se le abonaba al asegurado.

Se trataba de un sistema prácticamente idéntico al que existe actualmente en España tras un siniestro cubierto por el seguro de Hogar.

Expansión de la Sociedad por el resto de España

Once años después, en 1833, se creó en Madrid la Sociedad de Seguros Mutuos contra incendios de casas extramuros, que era exactamente igual que la anterior pero protegía de los fuegos a todas aquella viviendas que estaban situadas fuera de los muros de la ciudad.

Pero esto no quedó aquí. Y es que tras la buena acogida y los buenos resultados que tuvieron las sociedades tanto dentro como fuera de la cerca de Madrid, el modelo no tardó en comenzar a expandirse por otras ciudades del territorio nacional. Así, en el año 1832 nacían sociedades similares en Sevilla, Valladolid y Burgos, en 1836 hacía lo propio la Sociedad de Seguros Mutuos contra Incendios de Barcelona, en 1842 la Asociación de Seguros contra Incendios de San Sebastián y en 1847 la Sociedad de Seguros Mutuos de Casas y Caseríos de Guipúzcoa. Y aunque no existen muchos documentos de la época, se sabe que fueron más las ciudades españolas que se fueron animando a crear su propia sociedad para proteger sus viviendas del fuego.

Incendios importantes en Madrid


De hecho, los fuegos en aquel contexto eran un incidente muy común. En Madrid tuvieron lugar incendios causaron algunas de las mayores destrucciones de la historia de la ciudad, como por ejemplo el del Real Alcázar en el año 1734 o el de la Plaza Mayor en 1790.

Pero no solo esto, sino que fueron muchas las casas que desaparecieron tras un fuego y dejaron a muchos ciudadanos en la calle, sin vivienda y sin ningún tipo de seguro que les respaldara, ya que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, las pólizas de hogar tal y como se conocen hoy en día no existían. Como consecuencia de esto cuando sucedía un accidente de estas características, los ciudadanos se encontraban no solo ante el problema de estar sin casa, sino de tener que acceder a una nueva vivienda con el coste que esto implicaba.

La importancia de contar con un seguro de Hogar

Tal y como se puede observar, los efectos del fuego en un hogar pueden ser devastadores, por lo que contar con un seguro de Hogar que incluya esta cobertura se torna algo fundamental. Y es que aunque pueda parecerlo, no todas las pólizas son iguales, y en este caso, éste es uno de los riesgos más comunes en una vivienda.

Por tanto, antes de nada, lo mejor es tener clara toda la información sobre el fuego en el seguro de Hogar, para así poder elegir el producto más adecuado. Para simplificar el proceso la mejor herramienta es el comparador de seguros Rastreator, con el que se pueden obtener los precios de los diferentes productos, así como las coberturas de cada uno.

Enero de 2018


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