¿Quién se queda con la casa en caso de divorcio con hijos?

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  • La vivienda familiar suele adjudicarse al progenitor que obtiene la custodia de los hijos menores para garantizar su estabilidad y mantener su entorno habitual
  • Aunque solo uno de los excónyuges continúe viviendo en la casa, ambos seguirán obligados a pagar la hipoteca si firmaron el préstamo como titulares

Cuando una pareja con hijos se separa, las dudas habituales no tardan en aparecer: custodia, pensiones, visitas… Pero hay otra cuestión que suele dificultar todo aún más: la casa. Y es que no es solo un bien de valor económico. Es también el lugar donde los niños han crecido, donde tienen sus rutinas y, muchas veces, el único hogar que conocen.

Por eso, cuando la vivienda es compartida y, además, hay una hipoteca de por medio, la situación puede complicarse si no se deja bien atada desde el principio. Entender qué pasa con la casa y con la deuda es fundamental para evitar conflictos innecesarios y tomar decisiones con cabeza.

Qué implica un divorcio con hijos y una vivienda con hipoteca y cómo gestionarlo correctamente

Divorciarse con hijos y una vivienda hipotecada implica mezclar emociones con números, algo que no siempre es fácil. Por un lado, está la prioridad de proteger a los menores. Por otro, evitar que la separación termine convirtiéndose en un problema económico a largo plazo para alguno de los adultos. En España, los jueces suelen priorizar el interés de los menores, hecho que suele traducirse en que estos se queden viviendo en la casa familiar. Y da igual si la casa es de ambos padres o solo de uno. Sin embargo, viva quien viva en la casa, hay algo que no cambia: la hipoteca, que sigue ahí. Al banco le da igual que haya un divorcio y seguirá reclamando el pago de las cuotas a quienes firmaron el préstamo, independientemente de quién esté en la casa. Por eso, es importante saber qué va a pasar con la casa y si se va a hacer algún cambio en la hipoteca.

¿Quién se queda con la vivienda en caso de separación o divorcio con hijos?

Normalmente, cuando hay un divorcio con hijos, cuando se habla de “quedarse con la casa”, se hace referencia a quien va usar y a disfrutar de la vivienda familiar. Y esto no dependerá solo de quién sea el propietario, sino del interés de los menores. Por lo general, el uso de la vivienda se asigna a los menores y al progenitor con el que convivirán de forma habitual.

Ahora bien, hay que tener muy claro que uso y propiedad no son lo mismo. Puede pasar que el padre que se queda en la casa no sea el propietario o que la vivienda pertenezca al 50% a cada uno de ellos. En estos casos, el otro progenitor sigue siendo titular del inmueble, aunque no viva en ella.

Un ejemplo típico es el de una pareja que compró la vivienda a medias. Tras el divorcio, la madre obtiene la custodia de los hijos y se queda viviendo con ellos en la casa. El padre mantiene su parte de la propiedad, pero no puede usarla. Y, aun así, como ambos firmaron la hipoteca, los dos siguen siendo responsables de pagarla.

¿Cómo se reparte la vivienda en caso de separación?

Se pueden dar diferentes situaciones. Todo dependerá de la capacidad económica de cada uno, de las necesidades familiares, de si se ha llegado a un acuerdo o, en su defecto, de lo que decida el juez. En cualquier caso, hay diferentes opciones y conviene conocerlas antes de tomar cualquier decisión.

Uno de los cónyuges quiere quedarse con la vivienda

Es una de las soluciones más comunes. Uno de los dos cónyuges compra su parte al otro y pasa a ser propietario único. Esta alternativa exige contar con una buena situación financiera, ya que, quien se queda con la vivienda debe asumir solo toda la deuda pendiente y, normalmente, compensar económicamente al otro. Para ello, suele ser necesario renegociar la hipoteca con el banco, que debe aprobar que la hipoteca quede a nombre de un único titular.

La vivienda se reparte a partes iguales

Si ninguno quiere o puede asumir la casa en solitario, se mantiene la propiedad compartida durante un tiempo. Ambos siguen siendo dueños y también responsables de la hipoteca. Puede ser una buena alternativa si la relación entre ambos es cordial, pero, a la larga, puede generar conflictos, sobre todo, si uno quiere vender y el otro no.

Uno de los cónyuges se queda con más parte de la vivienda

A veces se acuerda un reparto desigual de la casa. Por ejemplo, cuando uno ha aportado más dinero o asume una mayor carga económica tras la separación. En esos casos, se ajusta el porcentaje de propiedad y se compensa al otro. También puede formar parte de acuerdos más amplios, junto con pensiones o reparto de otros bienes. Aquí es importante hacer bien las cuentas y tener asesoramiento legal para evitar problemas más adelante.

Vender la casa

Cuando ninguno puede o quiere quedarse con la vivienda, vender suele ser la opción más práctica. Con el dinero se cancela la hipoteca y, si queda algo, se reparte. Si no llega, ambos tendrán que asumir la deuda restante. No es la decisión más fácil, pero muchas veces es la que evita complicaciones futuras.

¿Y si se vende la vivienda antes de formalizar la separación?

La venta de la casa antes de cerrar el divorcio es, en muchos casos, la alternativa más lógica. Permite cancelar la hipoteca, repartir el dinero y que cada uno de los cónyuges pueda empezar su nueva vida sin cargas compartidas. Además, evita situaciones incómodas como mantener una copropiedad durante años o depender del otro para decisiones importantes.

Asimismo, en aquellos momentos en los que el mercado es favorable, esta opción gana peso. Y es que, si la vivienda se ha revalorizado, la venta puede aportar un colchón económico que permita afrontar la nueva etapa con más margen. Eso sí, en el caso de que haya hijos, la cosa cambia, ya que supondrá un cambio de vivienda para ellos, lo que no siempre es sencillo.

¿Y si los hijos del matrimonio son mayores?

Cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad, el derecho de uso de la vivienda familiar deja de estar ligado automáticamente a ellos, aunque sigan viviendo allí o dependan económicamente de sus padres. A partir de ese momento, todo depende de un acuerdo entre los progenitores.

A diferencia de la pensión de alimentos, que puede mantenerse más allá de los 18 años, el uso de la vivienda sí cambia. Si ambos padres quieren quedarse con la casa, se analiza la situación económica de cada uno. Normalmente, se concede a quien tiene menos recursos o más dificultades para acceder a otra vivienda, lo que en términos legales se conoce como el “interés más necesitado de protección”.

Si no hay acuerdo, el otro progenitor puede iniciar acciones para recuperar la vivienda, desde reclamar la posesión de la vivienda hasta solicitar la extinción del condominio o incluso su venta judicial.

¿Cuáles son los gastos derivados del proceso de divorcio y vivienda?

El coste de un divorcio en España no es fijo y depende mucho de cómo sea el proceso: si hay acuerdo o no, si hay hijos, cómo se organiza la custodia o si hay que repartir bienes.
Aun así, los gastos principales son:

  • Abogado: entre 700 y 1.200 euros por persona si hay acuerdo. En casos contenciosos, el coste puede superar los 5.000 euros.
  • Procurador: suele costar entre 300 y 600 euros.
  • Notaría y registro: si hay reparto de bienes, entre 300 y 1.000 euros aproximadamente.
  • Tasación de la vivienda: alrededor de 300 euros.
  • Gastos bancarios: modificar una hipoteca (novación o cambio de titularidad por divorcio) puede implicar comisiones de hasta el 1% del capital pendiente, además de otros gastos.
  • Impuestos: algunas operaciones, como la extinción de condominio, tienen ventajas fiscales, pero no están exentas de coste.

En total, el coste de un proceso de divorcio puede moverse entre unos 2.000 euros y más de 10.000, dependiendo de lo complejo que sea.

¿Qué te recomendamos en caso de que estés en proceso de divorcio con hijos y tengas una vivienda con hipoteca?

Cuando en un divorcio hay hijos, la prioridad es su estabilidad. Pero eso no significa asumir cargas económicas que luego sean imposibles de mantener, porque eso también acaba afectándoles. Lo ideal es intentar llegar a acuerdos realistas. Así, en caso de divorcio sin hijos, lo más habitual suele ser que uno de los cónyuges se quede con la vivienda o que se venda y se reparta el dinero. Sin embargo, con niños, muchas veces se opta por mantener la vivienda durante un tiempo para no alterar demasiado su entorno, aunque económicamente no sea la mejor opción.

En cualquier caso, conviene evitar decisiones precipitadas. Lo más sensato es informarse bien, dejarse asesorar y pensar con cierta perspectiva, no solo en el presente sino también en cómo va a afectar todo esto dentro de unos años.

Escrito por:
Leticia Iserte

Periodista multidisciplinar especializada en información económica, marketing y publicidad. Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes medios de comunicación, principalmente impresos y digitales, pasando también por la comunicación institucional y corporativa.

Revisado por:
Víctor López

Presidente y CEO de Rastreator