¿Qué es más peligroso, conducir borracho o con resaca?

  • La resaca hace que la conducción sea 4 veces peor que en condiciones normales
  • Conducir con resaca cuadriplica el riesgo de sufrir un accidente de tráfico
  • Bajo los efectos de la resaca, la dificultad para conducir es del doble

Aunque cada vez hay más conciencia de los peligros y riesgos que entraña conducir bajo los efectos del alcohol y de las drogas ilegales, ambos elementos siguen estando presentes en muchos de los accidentes de tráfico que se producen en las vías nacionales. Según la información que maneja la Dirección General de Tráfico, 12 de cada 100 conductores se ponen al volante después de haber bebido o de haber consumido drogas ilegales y en el 50% de los accidentes mortales había presencia de alcohol. El problema es que los conductores no son conscientes de que los efectos no terminan con la ingesta sino que se extienden al día siguiente cuando aparece la temida resaca. Y es que conducir en ese estado hace que la conducción sea mucho peor que en condiciones normales y, además, cuadriplica el riesgo de sufrir un accidente.

Los efectos del alcohol al volante

El centro de desintoxicación IVANE llevó a cabo una investigación de la que extrajo que ingerir una dosis de alcohol menor que la de una copa no influye en la conducción. Eso sí, advirtió que ese es el límite ya que los efectos empiezan a ser notables tras esa primera copa. No sólo influye en las capacidades para conducir, también disminuye los reflejos y la concentración.

El exceso de alcohol provoca varias alteraciones en el comportamiento del conductor como la dificultad en la toma de decisiones y aumento del tiempo de reacción para ello así como la falsa seguridad en uno mismo. La inevitable consecuencia de esto es la asunción de muchos más riesgos, el incremento de las conductas impulsivas y la disminución de la responsabilidad al volante. Físicamente también se observa su influencia puesto que causa alteraciones motoras y merma los reflejos mentales y, por ejemplo, calcular la velocidad resulta más complejo. Además, los movimientos oculares se ralentizan, se reduce el campo visual y crece la fatiga de la vista.

Por lo tanto, rebasar los límites repercute en las distintas áreas cognitivas y conductuales. Como consecuencia, el conductor experimenta dificultad para atender a dos fuentes de información, para mantener el nivel de atención necesario al volante o para coordinar movimientos. Y no conviene olvidar que tanto bajo los efectos del alcohol como cuando se está de resaca, el conductor no es consciente de que sus aptitudes han disminuido considerablemente y esto le convierte en una seria amenaza para la seguridad vial.

El día después: conducir con resaca

Y es que después de una noche de excesos y aunque se haya eliminado el alcohol del organismo, sus efectos pueden seguir notándose durante el día posterior debido a la resaca. No sólo cabe la posibilidad de que cause un positivo en los test de alcoholemia, también hay síntomas como la sed, el dolor de cabeza, los temblores, la fatiga o las nauseas que afectan tanto al estado físico del conductor como a sus maneras al volante. No en vano, la conducción puede ser 4 veces peor que en condiciones normales.

Las autoridades, incluso, lo comparan con los usuarios que emplean el móvil cuando conducen destacando que, al menos, la persona es consciente del riesgo que está asumiendo al prestar atención al teléfono. Un gesto que multiplica por 4 el riesgo de sufrir un accidente; la misma probabilidad que señaló la Sociedad Española de Neurología (SEN) en un estudio sobre los efectos de la resaca a la hora de conducir.

Las consecuencias de la falta de sueño y el cansancio afectan tanto a la capacidad de reacción como a la de concentración. Sus síntomas son equiparables a los de la fatiga e, incluso, a los de haber consumido alcohol en exceso. Por ejemplo, las infracciones en semáforos y señales de stop se multiplican por 2 y conducir parece el doble de complicado. Desde la Universidad de Keele (Reino Unido) ponen el acento en que los conductores con resaca, a menudo, no se dan cuenta de cómo les deteriora sus capacidades al volante.

Al hilo de esto, la Universidad de Brunel (Londres) quiso ir más allá y llevó a cabo un análisis del comportamiento al volante antes y después de ingerir alcohol. Con varios estudiantes voluntarios como protagonistas, emplearon simuladores de conducción en los que les hicieron una serie de pruebas en condiciones normales y cuando estaban de resaca, es decir, 7 horas después de haber superado los límites legales de alcohol. Los resultados no dejan lugar a las dudas: conducían 15 km/h más rápido, invadían el carril contrario 4 veces más y cometían más del doble de infracciones. Esto unido a que sus reflejos están bastante mermados supone un peligro casi semejante al de conducir bajo los efectos del alcohol.

Conducir con resaca es peligroso

Sea como sea, no es buena idea conducir ni bajo los efectos del alcohol ni cuando los efectos de éste todavía se manifiestan en forma de resaca. Se trata de uno de los peores enemigos de la conducción. No en vano, se pone en peligro tanto la vida propia del conductor como la del resto de actores que forman parte de la vía y en caso de accidente, el seguro de coche no cubrirá al conductor si éste supera los límites legales.

Eso sí, la resaca no se queda atrás a la hora de debilitar las facultades del conductor. Y es que aunque la sangre esté libre de alcohol e, incluso, la tasa de un test sea de 0.0… las consecuencias existen y, como se ha comprobado, la influencia de la resaca a la hora de ponerse al volante es más que evidente. Casi tanto que después de haberse pasado con las copas.

Abril 2017


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Elena SanzRastreator.com